domingo, 25 de agosto de 2019

NO HAY LUGAR SEGURO (Garda 04) de Tana French - French te obliga a pelear los 12 asaltos y te gana por KO técnico - Valoración 8,5/10

Título original: Broken Harbour (2012)
Serie: Garda 04
Traducción: Gemma Deza Guil
Editorial RBA Libros.
Páginas: 640

Locura y muerte en la Irlanda de la burbuja inmobiliaria y la crisis financiera. El lugar: Ocean View cerca de Broken Harbour, una urbanización construida durante el boom inmobiliario en un lugar perdido que con la recesión quedó medio acabada, vacía y abandonada. Vendida sobre planos, la falsa promesa paradisíaca para clases medias ahora era una urbanización fantasma donde vivían unas pocas familias hundidas en la miseria por la crisis financiera del 2007. Las víctimas: la familia Spain, los dos niños aparecen asfixiados en sus camas, Pat, el padre, muerto a cuchilladas y Jenny, la madre, muy malherida pero aún viva. Los investigadores: Mick Kennedy (Scorcher), el detective a cargo y mentor de Richie Curran, el ayudante novato. El narrador: Mick Kennedy, detective muy reglamentista, de manual, que fue el investigador principal en “La última noche de Rose Daly”, narrada por Frank Mackey.

Es como asistir al descenso a los infiernos de una de esas familias modélicas que aparecían en los folletos publicitarios de las nuevas urbanizaciones que surgían como setas en tiempos del boom: padres jóvenes, atractivos, la pareja perfecta que desea prosperar y criar a sus hijos encantadores en una casa con jardín y columpios. Cuando todo eso se derrumba, el sueño se convierte en encerrona; pero ellos se empeñan en ser positivos y mantener viva la esperanza, la ficción. Aprietan los dientes y tratan de conservar las apariencias, de que nadie perciba en sus caras y sus conductas las huellas del fracaso. Pero la olla a presión – “el amor sepultado bajo toneladas de presión” -, revienta y los despeña por el abismo de la locura.

Mick Kennedy, el policía modélico con el porcentaje de casos resueltos más alto de la brigada, es quien habla en primera persona y da el tono formal, eficiente y casi profesoral de la narración. Al comienzo parece que le esté leyendo a Richie Curran, su joven pupilo, el manual oficial del detective de homicidios. Esa parte se hace un poco pesada, pero pronto el lector se empapa del clima opresivo de la novela, se sumerge en los largos y elusivos interrogatorios y observa pasmado como la novela avanza hacia algo amenazante y oscuro.
Richie Curran, al principio mero oyente, discípulo aplicado de las lecciones que imparte Mick, se revela cada vez más incisivo socavando con sus dudas las certezas del veterano detective, quien debe enfrentarse a sus propios demonios del pasado: el suicidio de su madre ahogada en la playa de Broken Harbour y una hermana esquizofrénica de la que se siente responsable. La corrección procesal de Kennedy se tambalea cuando Curran le opone un contundente dilema moral: si el crimen es el resultado de una cadena de desgracias y la reacción previsible del asesino es el suicidio, ¿hay que dejar que lo haga mirando hacia otro lado y cerrando el caso en falso?


Si hay dos caminos, el corto y el largo, Tana French siempre escogerá el largo, el que implica una inmersión total en el contexto familiar y social del crimen, desgranando las historias personales de todos los implicados: victimas, policías, familiares, amigos, pasado y presente. Te parecerá que se recrea, que algunas escenas son innecesariamente largas o superfluas. Es el precio que hay que pagar por una escritora omnívora a quien todo le interesa. No escribe para impacientes; sabe que las cumbres se alcanzan paso a paso y que las vistas desde la cima serán la recompensa. Con la French no puedes ir con prisas, te obliga a pelear los doce asaltos y te gana por KO técnico.
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