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miércoles, 4 de enero de 2017

HISTORIA DE LA CIENCIA 1543-2001 de John Gribbin - Las biografías de los científicos y los cálculos y experimentos explicados, la hacen apasionante - Valoración 9 sobre 10

 Título original Science: a history 1543-2001
Traductor Mercedes García Garmilla
Páginas 608
Idioma Español
Publicación 2003 (2003)
Editorial Crítica
 
Doy una ojeada a las asignaturas del bachillerato en España (LOMCE 1013) y no veo ninguna Historia de la Ciencia. Hay Filosofía (muy de moda por la serie Merlín). No lo critico, pero no es lo mismo. La filosofía está bien como ejercicio mental aunque puede llevar al estudiante al callejón sin salida del desaliento y la confusión: especular es gratis y todo vale. O casi. Hacer ciencia es distinto; hay que experimentar, cuantificar, comprobar las hipótesis y ponerlas a prueba hasta formular teorías que puedan ser verificadas y perfeccionadas por nuevas teorías más completas. Para hacer ciencia hay que ensuciarse las manos; por eso los griegos no la consiguieron. Para ellos el trabajo manual era cosa de esclavos y artesanos, indigno del noble ciudadano. Los tratados hipocráticos y los filósofos jónicos, que hubieran iniciado el camino científico, quedaron a un lado y triunfó el idealismo platónico que, primero con el neoplatonismo y después con el cristianismo, nos condenó a más de veinte siglos de filosofía especulativa al servicio de la teología. Hubo que esperar al Renacimiento y la Ilustración para quitarnos de encima ese lastre (1).

La “Historia de la ciencia 1543-2001” de John Gribbin podría ser el perfecto libro de texto para esa signatura que creo necesaria en el Bachillerato. Es claro, ameno, interesante y hasta divertido; recorre el camino de la ciencia situándola en su contexto histórico (2), lo enriquece con curiosísimas biografías de científicos, explica su avance paralelo a la tecnología y las matemáticas con las que se retroalimenta, y explica el apasionante juego de influencias entre trabajos aislados, en el tiempo y el espacio, que a alguien se le ocurre aprovechar para alumbrar una teoría genial. Inspiración, tesón, trabajo duro, azar y condiciones propicias, ocasiones perdidas, avances y retrocesos, todo juega su papel en la apasionante historia de la ciencia y Gribbin lo sabe trasmitir de manera deslumbrante. Un manual debe ser riguroso, pero entrará mejor si es divertido y vibrante. Muchos se declaran “de letras” porque no han tenido la opción de ser seducidos por las ciencias; un libro así, leído y trabajado a los 17 años, podría remediar ese déficit y despertar afición por las ciencias. Entre los adultos, es desalentador comprobar que hay tantos interesados en lo paranormal y tan pocos en las ciencias, consecuencia, quizás, de lo mal que se han enseñado las asignaturas de exactas.

Sobra aclarar que el libro de Gribbin es una historia de las ciencias naturales desde la astronomía a la física de partículas, pasando por la química, la geología y la biología.

No intentaré resumir un libro cuyo interés está precisamente en los detalles. Me limito a dejar constancia de algunos rasgos que me han llamado la atención:

  1. Las biografías de los científicos y su contexto histórico muestran a la vez el carácter humano (fortuito y azaroso) de sus protagonistas, y las condiciones sociales y tecnológicas que una vez maduras, de forma casi inexorable, conducen a los avances científicos.
  2. Son las personas las que hacen la ciencia y éstas pueden ser sensatas, raras (Cavendish, posiblemente un asperger, casi nunca hablaba y vestía ropas pasadas de moda), y obsesivas y hasta locas (Newton dedicó más tiempo a la alquimia y la religión que a la ciencia y lo dominaban fuertes sentimientos de odios y venganzas). Y de ahí lo apasionante: cómo de ese batiburrillo de trabajo duro y pura casualidad, de grandezas y vilezas, paso a paso se van recogiendo los pedazos hasta formar un cuerpo de verdades objetivas que explican el universo. El proceso es contingente y muy accidentado; el resultado, la ciencia, seguramente el mayor logro de la humanidad.
  3. Gribbin rechaza la idea kuhneana de la revoluciones científicas y en su historia muestra el avance de la ciencia como un proceso incremental en que una teoría no invalida a otra sino que la afina, completa y perfecciona. Una conjetura puede ser errónea, una hipótesis, invalidada por pruebas que la desmienten, pero una teoría que explica sucesos y predice otros que luego se cumplen, es una verdad objetiva. Una teoría se expresa en leyes que deben ser cuantificables y explican los vínculos causales entre las variables implicadas.
  4. Parece que la enseñanza reglada no significó gran cosa (cuando no era un obstáculo) hasta bien entrado el siglo XIX y principios del XX. En el Renacimiento y la Ilustración muchos eran astrólogos, al servicio de príncipes interesados en horóscopos y predicciones; otros procedían de la alquimia o la medicina (aristotélica) y muchos eran autodidactas, como Faraday, encuadernador, o James Croll, portero en el Andersonian College and Museum de Glasgow.
  5. Sorprende y maravilla el ingenio desplegado para desarrollar la ciencia experimental. Cómo, a través de cálculos y experimentos sencillos, que Gribbin explica con abundantes detalles, se llega a grandes teorías sobre el universo, la materia o la vida.  
NOTAS
(1)   CIENCIA Y POLÍTICA EN EL MUNDO ANTIGUO de Benjamin Farrington. Ayuso 1973)
(2)    Igual que hace Bertrand Russell en su HISTORIA DE LA FILOSOFIA OCCIDENTAL


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jueves, 8 de diciembre de 2016

ASÍ DE SIMPLE de John Gribbin - Gribbin hace que lo más difícil parezca fácil y la ciencia fascinante - Valoración 9 sobre 10


Título original Deep Simplicity. Chaos, Complexity and the Emergence ofLif
Traductor Mercedes García Garmilla
Páginas 384
Idioma Español
Publicación 2004 (2006)
Editorial Critica SL
 
 
Sí, simple, aunque no tanto. O todo lo simple que puede explicarse la aparición de la vida a partir de unas condiciones iniciales simples capaces de generar complejidad y, en último término, vida.

John Gribbin es astrofísico y un gran divulgador científico que se atreve con los temas más abstrusos y los hace asequibles a los profanos. A diferencia de otros escritores que te pasean por la superficie y en cuanto te sumergen te ahogas, con Gribbin tienes la sensación que te guía a profundidades hasta ahora inalcanzables. Hay divulgadores, como Mlodinow (1), que para ser amenos recurren a anécdotas personales y analogías cotidianas, y lo hacen muy bien (no lo critico, me encanta); pero son muchos los que a la hora de pasar de la anécdota al meollo se enredan y lo despistan a uno, cándido lector. Otros tratan los temas científicos con tanto desenfado que tienes la sensación de estar ante un programa de chismorreo o ciencia-basura. Es lo que tiene vivir un momento de inflación divulgadora: hay de todo para todos, y puede que sea para bien, si te lleva de lo malo a lo mejor. De Gribbin, estoy leyendo en paralelo una historia de la ciencia (2) fascinante, la mejor que he leído hasta hoy, y no dudo en añadirlo a mi lista de divulgadores preferidos al lado de Krauss, Pinker, Wilson, Coyne, Harris o Ridley.
En “Así de simple. El caos, la complejidad y el origen de la vida”, Gribbin nos conduce, en un apasionante viaje, desde la termodinámica, la entropía, el origen de la teoría del caos, los fractales, los sistemas complejos, la evolución, Jim Lovelock y su Hipótesis Gaia, el ciclo del DMS, la retroalimentación biosfera y clima, hasta la aparición de vida en la tierra y la posibilidad de que exista en otros planetas.

El camino está sembrado de perlas del conocimiento matemático, físico y biológico que Gribbin extrae, acopia y descifra para hacerlas comprensibles al lego. Así nos habla del problema de los tres cuerpos, las funciones no lineales, el caos determinista y los atractores (fascinante), los fractales y los sistemas dinámicos y otros conceptos que te suenan pero que, hasta Gribbin, eran muy difusos. Gracias a que te guía hasta el meollo logra el prodigio de que el lector se pregunte: ¿y si me metiera a fondo con la teoría del caos, o los fractales, o los sistemas complejos, o…? Y, a la vez, pobre ingenuo, que lamentes una vez más tu falta de preparación en matemáticas.

El objetivo de Gribbin es no amedrentar al lector con complejidades técnicas que le hagan abandonar la lectura. Lo pone fácil para que sigas detrás de la zanahoria. Por ejemplo. Para introducir los números complejos empieza:
“A un nivel más abstracto, el mismo principio básico se aplica a lo que los matemáticos optan por llamar números complejos. Este nombre ha asustado a muchos estudiantes, pero los números complejos son en realidad muy sencillos, ya que sólo tienen dos componentes, lo cual no justifica en absoluto el uso del término «complejo». Los dos componentes de un número complejo son en sí mismos números corrientes, que se diferencian entre sí en que uno de ellos está multiplicado por una constante universal denominada i.”
O elige con cuidado las analogías:
“Una rueda, incluso un piñón, no es un objeto complejo. Pero una bicicleta de carreras, que no es fundamentalmente más que un conjunto de ruedas y palancas, es un objeto complejo, en el sentido científico del término, aunque sus componentes individuales, y el modo en que ejercen interacciones unos con otros, resultan fáciles de entender.”
La habilidad de Gribbin hace que lo más difícil parezca fácil y la ciencia fascinante. “Así de simple” es la prueba de que el autor cree lo que dice al final de la Introducción a su “Historia de la ciencia”:
“La ciencia es uno de los mayores logros de la mente humana (se podría decir que es el mayor de todos), y el hecho de que los avances en realidad los hayan llevado a cabo en su mayor parte personas que tenían una inteligencia normal, avanzando paso a paso a partir del trabajo de sus predecesores, no hace menos destacable lo que aquí relatamos, sino que lo convierte en algo aún más notable. Prácticamente cualquiera de los lectores de este libro, si hubiera estado en el lugar adecuado en el momento oportuno, podría haber hecho los grandes descubrimientos de que hablamos aquí. Dado que el avance científico no ha llegado, ni mucho menos, a su punto final, es posible que alguno de los lectores se vea implicado en el próximo paso de la historia de la ciencia.”

NOTAS
(1) Leonard Mlodinow: Las lagartijas no se hacen preguntas (2015)
      Leonard Mlodinow: El andar del borracho: cómo el azar gobierna nuestras vidas (2008)

(2) John Gribbin: Historia de la ciencia 1543-2001 (2003)
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