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lunes, 28 de agosto de 2017

MI NOMBRE ERA EILEEN de Ottessa Moshfegh - Thriller psicológico muy estático y tirando a trivial - Valoración 7/10

Título originalEileen
TraductorDamià Alou
Páginas280
IdiomaEspañol
Publicación2015 (2017)
EditorialAlfaguara

Novela finalista del Man Booker Price 2016 que ganó “El vendido” de Paul Beatty. La leo para comparar, con el secreto deseo de disentir con la decisión del jurado. Pero no es así; reconozco que “El vendido” es mejor y me extraña que una novela como “Eileen” llegue a finalista de tan prestigioso premio que en años anteriores fue concedido a Iris Murdoch, Kazuo Ishiguro, IanMcEwan o A.S. Byatt. ¿Recordais “Posesión” o “Amsterdam”?. Me explico.
Si la novela de Beatty empezaba con un centenar de deliciosas páginas, para hundirse durante más de 250 en el proceloso mar del surrealismo, “Eileen” te aburre durante más de 200 páginas para ponerle algo de chispa en las últimas 60. No digo que sea una mala novela; es correcta, una de tantas. De esas que no hubiera terminado si no fuera movido, como es el caso, por la curiosidad de comparar.
Eileen, en su madurez, cuenta en primera persona su vida a los 24 años en un pueblo de Massachusetts. Muerta su madre, vive con un padre, expolicia, alcohólico, amargado, propenso a la violencia verbal y trabaja en las oficinas de una prisión de menores. Es una chica tímida, carente de empatía y sexualmente muy reprimida, con una mente repleta de obsesiones morbosas. La llegada de Rebecca Saint John, la nueva directora educativa del centro de menores, guapa, brillante y con ideas avanzadas, dará un vuelco a la vida de Eileen

Escrita en un estilo claro, correcto, tirando a expresionista en lo macabro, destaca la visión sucia que tiene Eileen de su propio físico y, en concreto, de su sexo, que le repugna, pero la atrae; una idea poco madura (adolescente) de la sexualidad. Un Thriller psicológico más a lo Dostoievski que al estilo de Gillian Flynn; un revisionismo psicológico estático y bastante trivial. Pero seguro que a muchos les gustará. Más que a mí.
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viernes, 25 de agosto de 2017

EL VENDIDO de Paul Beatty - Genuina sátira en las primeras cien páginas y, el resto, surrealismo en caida libre - Valoración 8/10


TítulooriginalThe Sellout
TraductorIñigo García Ureta
Páginas368
IdiomaEspañol
Publicación2015 (2017)
EditorialMalpaso

“Yo”, un granjero especializado, movido por un sentimiento nostálgico de recuperación de la intimidad “negrata”, intenta resucitar su desaparecido barrio Dickens, un gueto periférico al sur de los Ángeles, y organizarlo según el orden segregacionista. Su amigo Hominy, un viejo actor de segunda fila que se siente olvidado, le ayudará en el empeño declarándose su esclavo.

“El vendido” es una de esas novelas que empiezan muy bien, pero luego se van desinflando. La citación que recibe “Yo”, el protagonista, del Tribunal Supremo concediendole una apelación, es toda una declaración de primcipios. Empieza así:
“¡Enhorabuena, acaba de ganar un premio extraordinario! Su caso ha sido escogido entre cientos de apelaciones para ser visto por el Tribunal Supremo de los Estados Unidos de América. ¡Qué magnífico honor!”
Le anuncian la aceptación de su caso como si le tocara la lotería y termina así:
“La carta concluía con instrucciones precisas para llegar al edificio del Tribunal Supremo desde el aeropuerto, la estación de tren o la autovía I-95, y llevaba una cartilla de cupones de descuento para varias atracciones, restaurantes, hoteles y similares.” Parodia del pragmatismo y el consumismo, tan americanos.
Su paseo por Washington, D. C. está sembrado de observaciones dignas del mejor Club de la Comedia:
“Como era previsible, en el Pentágono no hay nada que hacer salvo declarar una guerra.”
El primer cuarto de la novela (unas 100 páginas) rebosa humor, ingenio y agilidad narrativa. Cuenta su infancia en su casa conocida como «la caja de Skinner», su formación a cargo de su extravagante padre, un “psicólogo de la liberación” que usaba a su hijo como cobaya y lo educó siguiendo al pie de la letra la teoría del desarrollo cognitivo de Piaget. Esa parte y la que refleja el ambiente vecinal y social del antiguo barrio de Dickens, está muy bien; se mueve dentro del modelo de sátira realista. Pero en adelante, cuando relata la campaña de “Yo” para resucitar el barrio devolviéndolo a una especie de segregación inversa, la historia toma tintes surrealistas y el lector se pierde y desconecta. Ayuda la acumulación histérica de nombres de la cultura local que nada significan para el lector foráneo.
En resumen: un centenar de buenas páginas en el más genuino estilo satírico - entre Twain y el Nabokov de “Pnin” – y caída libre hacia un surrealismo incongruente.
“El vendido” se llevó el Man Booker Prize de 2016 y la curiosidad me ha llevado a leer una de las novelas finalistas, “Mi nombre era Eileen”, de Ottessa Moshfegh, para compararlas y comprobar si mi criterio coincide con el del jurado.

Dos citas:
“La experiencia negra conllevaba un montón de inconvenientes, pero, joder, al menos teníamos un poco de privacidad. Nuestro argot y nuestro degradado sentido de la moda no se popularizaron hasta años después. Incluso contábamos con nuestras propias técnicas sexuales secretas.”

“Se recostó en su silla y dijo que por un kilo de cerezas podía segregar su hospital de la forma que considerara oportuna.”


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miércoles, 21 de septiembre de 2016

BREVE HISTORIA DE SIETE ASESINATOS de Marlon James - Una epopeya de violencia y degradación - Valoración 10 sobre 10

 Título original A brief history of seven killings
Traductor Javier Calvo
Páginas 800
Idioma Español
Publicación 2014 (2016)
Editorial Malpaso

Para empezar, la historia no es breve y no son siete los asesinatos, es una verdadera escabechina; pero no recuerdo una novela de 800 páginas que haya devorado con tanta avidez y, además, se me haya hecho corta. Con esta obra, Marlon James, ganó el prestigioso premio Man Booker Prize en 2015; galardón que se había concedido a autores como Ian McEwan, Margaret Atwood, Coetzee, A.S. Byatt, John Banville o William Golding, entre otros. La lista del Booker Price es la de los escritores más significativos de la novela contemporánea escrita en inglés. Puede que, a algunos, esto no les impresione. Vale. ¿Y si les digo que es un pedazo de novela negra mejor que El poder del perro de Don Winslow?

La historia comienza con las guerras pandilleras en los barrios pobres de Kingston, la capital de Jamaica, instrumentadas para controlar el voto por los dos partidos que se alternan en el poder: el PNP (Partido Nacional Popular) y el JLP (Partido Laborista de Jamaica). Describe, con una inusitada crudeza, la vida degradada y violenta de capos y pandilleros, la impunidad de la policía corrupta, la intervención de la CIA, cubanos anticastristas y otras agencias que intentan frenar el comunismo manejando los hilos desde su ignorancia cultural, y la vida de gente corriente en su intento desesperado de escalar el muro de la miseria cotidiana. La trama tiene dos nudos centrales: el intento de asesinato de El cantante (Bob Marley), figura mítica e inalcanzable que se esfuerza por poner paz entre las bandas políticamente manipuladas y la masacre en un fumadero de crack en el Bronx, llevada a cabo por Josey Wales, uno de los capos principales. Wales había dado el salto a los USA como distribuidor de la mafia colombiana.

Inspirándose en Mientras agonizo de William Faulkner, James hace que varios personajes se expresen desde su lugar en la historia y con su propio lenguaje (o jerga), construyendo un impresionante puzzle, vivo y estremecedor, de la lucha por la vida en un hábitat dominado por la violencia, la miseria, y el frío pragmatismo, donde solo sobrevive el más fuerte o el más abyecto. Astucia, rabia y fuerza al servicio de obtener sexo y droga los más desgraciados, y más poder los más fuertes.
Malon James pone en juego todos los registros de la primera persona narrativa: monólogo interior, flujo de conciencia, cámara subjetiva (con imagen y sonido), diálogos unilaterales (oímos a un solo hablante y las respuestas se intuyen)… Si la historia es rica y compleja, las escenas son magistrales.

La novela está atiborrada de episodios despiadados dentro de un cuadro general que conmociona y avasalla:
“La mujer lleva agarrado a la espalda a un bebé con el chupete en la boca y se pone a chuparle la pinga al tipo. Josey le pega un tiro y el men se cae de espaldas contra la puerta pero se aguanta de pie, y ella le sigue chupando la pinga muy fuerte y se la saca de la boca y se pone a darle palmadas porque se le está poniendo blanda y si el tío no se viene no le va a pagar.”
James es un virtuoso de la violencia, un artista de la degradación que, en cuanto a dureza, deja en pañales a un Cormac McCarthy o un Don Winslow. En algunos momentos, su estilo roto, compulsivo y jergal recuerda a Louis-Ferdinand Céline; pero sin empachar. Curiosamente. Será la hábil combinación de astucia y crueldad, los cambios de ritmo que van del rápido, al acelerado y salvaje; será la inmensa talla que adquieren los personajes principales, o la magnitud de venganzas y traiciones, lo que la acercan a la tragedia, y hasta a la epopeya griega, y la alejan del mero espectáculo de sangre y vísceras del “Gore”.

Uno de los personajes, Tristan Phillips, le habla del gueto a Alex Pierce, el periodista, y se refiere a una novela de V. S. Naipaul:
“Pero en serio, Alex, la biblioteca de la cárcel es tremenda. En Jamaica iba a muchas bibliotecas y no había ni una que tuviera las cantidades de libros que se ven en Rikers. Tienen uno titulado Middle Passage. Lo escribió un indio, V. S. Naipaul. Candela, ese tipo cuenta que West Kingston es un sitio tan malo que no se le puede ni hacer una foto porque la belleza del proceso fotográfico te miente y no te cuenta lo horroroso que es en realidad. ¿Ah, te lo leíste? Pues confía en mí, ni siquiera él te da una idea correcta. La belleza de su forma de escribir también te miente. Es un sitio tan horroroso que no debería producir ni una sola frase bonita, jamás.” Pero Marlon James no miente, y si lo hace, resulta muy convincente.
Ahora caigo: las dos mejores novelas que he leído en los últimos años son de autores de origen jamaicano; una es ésta, y “Dientes blancos” de Zadie Smith es la otra. Curioso.


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