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martes, 26 de abril de 2016

FREE WILL (LIBRE ALBEDRÍO) de Sam Harris - Para Harris es una ilusión - Valoración 8 sobre 10


Páginas 96
Idioma Inglés
Publicación 2012
Editorial Free Press
 
Me he atrevido con este ensayo en inglés porque es corto y asequible.
Para Sam Harris el libre albedrío es una ilusión y para demostrarlo parte de un caso extremo de conducta violenta ocasionada por un tumor cerebral y lo amplifica:
 “Un trastorno neurológico parece ser sólo un caso especial de los sucesos físicos que dan lugar a pensamientos y acciones. La comprensión de la neurofisiología del cerebro, por lo tanto, parecería ser tan exculpatoria como la búsqueda de un tumor en el mismo.”

En buena parte del ensayo, Harris, discute el compatilismo de su amigo Daniel Dennett. El compatibilismo sostiene que podemos ser libres al tiempo que estamos sujetos al determinismo real. Dennett propone un sucedáneo de libre albedrío tan parecido a la libertad real que, a todos los efectos, puede suplantarla. A mi me vale, pero a Harris no; él defiende que los actos humanos están condicionados por la genética y las condiciones ambientales y, por lo tanto, por la “suerte” de partida que uno tenga. El tema de la responsabilidad, muy ligado a si tomamos nuestras decisiones libremente, lo resuelve por vía pragmática: no podemos apoyarnos en el libre albedrío para responsabilizar al delincuente, pero debemos neutralizarlo como lo hacemos con los virus y bacterias nocivos y “aislarlo” para que no cause daño. Eso lo lleva a concebir la justicia como autoprotección e ir más allá, hasta una confusa defensa del castigo y la venganza. Por supuesto, desprecia el objetivo rehabilitador de las instituciones penitenciarias.
Por lo que conozco a Harris y a Dennett, no creo que sus ideas sean tan distantes, creo que la diferencia es, más bien, de talante. Dennett es más considerado y respetuoso con sus oponentes, se esfuerza en comprender sus puntos de vista y construye análisis sofisticados para convencerlos. Harris es una versión radical de Dennett y, simplemente, descarta y contraataca, en plan conminatorio, no pudiendo evitar un tufillo totalitario.

La discusión histórica del determinismo-indeterminismo se remonta a Hobbes, Hume, Laplace, Kant, William James, etc. Casi todos los filósofos han debatido sobre el asunto, pero el determinismo contemporáneo se apoya en Libet (aquí se discute y aquí se analiza con mucho detalle).
Creo que el experimento de Libet se extrapola en exceso, como tantas veces ocurre con teorías científicas cuando se sacan de su contexto (teoría cuántica o evolucionismo). Libet descubrió que la actividad cerebral inconsciente que llevaba a la decisión consciente de mover la muñeca comenzaba medio segundo antes de que el sujeto conscientemente decidiera moverla. Él mismo da cabida al libre albedrío atribuyéndole un derecho de veto a los impulsos inconscientes.
Pienso que la diferencia entre las acciones impulsivas y las acciones planificadas es importante. La experiencia enseña a vetar los impulsos y a calcular los riesgos. Eso queda claro en las decisiones importantes: comprar un coche, una casa o elegir pareja.
Si tengo que comprar un coche, mi primer impulso me inclina por un gran todoterreno rojo, de más de 200 CV, con los mejores acabados (si soy un hedonista del motor). Pero después pienso en el consumo, los gastos de mantenimiento, el impuesto de circulación, el coste de las reparaciones; hago cálculos, analizo mis necesidades y me inclino por un modelo más modesto.
La cantidad de cálculo que interviene en tus decisiones está determinada por tu genética, tu educación y tu experiencia. En ese sentido es determinista. Pero si eres una persona calculadora planificas mayor número de decisiones que otra persona impulsiva.

 Opino que ahí está la clave: una persona entrenada en planificar acumula experiencias beneficiosas en su vida como resultado de aplicar el cálculo en vez de seguir los impulsos, eso hace que su inconsciente esté más ejercitado para vetar los impulsos, parar y planificar sus acciones en previsión de las posibles consecuencias. Veo la planificación como un paso evolutivo superior, una respuesta evolutiva a una sociedad y cultura más complejas. Cuando el ser humano aprende a vetar sus impulsos y planifica, ejerce su libre albedrío. Y también creo (pero esto es otra discusión), que el ejercicio de funciones superiores como la planificación han contribuido a la formación del Yo y la autoconsciencia.
Coincido con las ideas que expone Matt Ridley en su libro “The Evolution of Everything”, que pronto reseñaré, donde defiende que todos los sistemas complejos (la naturaleza, la sociedad, la mente, la cultura, etc.) responden a una evolución adaptativa desde abajo, sin diseño alguno, por muy sofisticados que lleguen a ser. A este ensayo de Harris le doy 8.

El tema del libre albedrío, como todas las cuestiones filosóficas, viene de largo y es complicado. Quien quiera comprobarlo, no tiene más que navegar un poco por la estupenda Stanford Encyclopedia of Philosophy (http://plato.stanford.edu/search/searcher.py?query=free+will) o la no menos estupenda THE DETERMINISM AND FREEDOM PHILOSOPHY WEBSITE
de Ted Honderich (http://www.ucl.ac.uk/~uctytho/dfwIntroIndex.htm) que es también el editor de "The Oxford Companion to Philosophy". O por la Wikipedia (https://es.wikipedia.org/wiki/Libre_albedr%C3%ADo).

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domingo, 13 de marzo de 2016

EL FIN DE LA FE. Religión, terror y el futuro de la razón de Sam Harris - Contundente e higiénico en el análisis de las religiones y flojo en la espiritualidad alternativa. Valoración 8 sobre 10 8.

Título original The end of faith
Traductor Lorenzo Félix Díaz Buendía
Páginas 416
Idioma Español
Publicación 2004 (2007)
Editorial Paradigma
 
Sam Harris (1967) es un filósofo, neurocientífico, cofundador y director del Proyecto Razón. El fin de la fe (The End of Faith, 2004), estuvo durante 33 semanas en la lista de Best Sellers según el New York Times, y ganó el premio PEN/Martha Albrand de ensayo en el año 2005.
Se le considera miembro del “Nuevo ateismo” y junto con Richard Dawkins, Christopher Hitchens y Daniel Dennett, uno de los “Cuatro jinetes del No-Apocalipsis”. Estos y otros filósofos y científicos (Lawrence M. Krauss, Jerry Coyne, Greta Christina, Victor J. Stenger, Michael Shermer, Steven Pinker, etc), cree que la religión, en lugar de ser tolerada, debe ser combatida, sometida a crítica racional denunciando sus ámbitos de influencia: la enseñanza, la política, la legislación…y sobre todo el adoctrinamiento de la infancia que perpetua las ideologías religiosas.

“El fin de la fe” puede divirse en dos bloques: el primero, que ocupa las tres cuartas partes del libro, es un análisis devastador del papel histórico y la influencia política actual de las religiones (judaísmo, cristianismo, islamismo); y el segundo, en un intento constructivo después de la demolición, trata de dar forma a una ética laica sin religiones y ofrecer una chispa de trascendencia a través del estudio científico de la consciencia que desvele una posible extensión del “yo” por la vía de la meditación que marcan algunas religiones orientales como el hinduismo y el budismo. Esta segunda parte, como el mismo Harris admite de una manera tácita, es más floja. Se lee como una manera de “ofrecer algo” a los que creen que, a pesar de todo “hay algo más”.
Lo dice claro en el epílogo:
“Mi objetivo al escribir este libro ha sido contribuir a cerrarle la puerta a cierta clase de irracionalidad. Aunque la fe religiosa es una muestra de ignorancia humana que no admite siquiera la posibilidad de corrección, sigue a salvo de la crítica en todos los rincones de nuestra cultura. Obviando todas las fuentes de información válidas sobre este mundo (ambas, las espirituales y las mundanas), nuestras religiones han adoptado antiguos tabúes y extravagancias precientíficas como si tuvieran una importancia metafísica definitiva.”
Señala el papel de la religión como fijador de creencias que condicionan la conducta humana:
“Una creencia es una palanca que, una vez accionada, mueve casi todo lo que conforma la vida de una persona. ¿Eres un científico? ¿Un liberal? ¿Un racista? Todo eso no son sino diferentes clases de creencias. Las creencias definen tu visión del mundo, dictan tu conducta, determinan tus respuestas emocionales ante otros seres humanos”
Y marca el punto de partida:
“Nuestra situación es la siguiente. La mayor parte de la gente que vive en este mundo cree que el Creador del universo ha escrito un libro. Por desgracia, tenemos a nuestro alcance diferentes versiones de ese libro, y cada uno de ellos afirma tener la exclusiva de la infalibilidad.”
Y sigue con una relación exhaustiva de los daños históricos y actuales:
Errores, falsificaciones, matanzas, guerras religiosas, persecuciones de herejes, brujas, judíos, inquisiciones, discriminaciones, excomulgados, antisemitismo, represaliados de todo tipo; y en la actualidad: fundamentalismo cristiano e islámico, la no separación entre iglesia y estado, pena de muerte, intromisión en la vida privada con el concepto de crímenes sin víctimas, leyes antivicio, condena legal de las conductas sexuales no procreadoras, la irracionalidad de la guerra contra las drogas, prohibición de investigar con embriones humanos, el terrorismo islámico y el peligro de exterminio a gran escala a causa de la guerra de culturas. En fin,  te deja aturdido, abrumado.
Si hay algo que las religiones no pueden resistir es su propia historia.
En cuanto a la propuesta de trascendencia tenue vía meditación, habría mucho que hablar. ¿Cuál será el siguiente paso?. ¿La reencarnación en garrapata?. La ética laica lo tiene crudo:¿Cómo se puede competir con los que te venden una parcela en el más allá y te garantizan la vida eterna?.
En cuanto al tono, más en la parte propositiva y el epílogo, es demasiado enfático y solemne, suena a arenga, al sermón religioso que él condena.
Contundente e higiénico en el análisis de las religiones y flojo en la espiritualidad alternativa. Un 8.

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