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miércoles, 1 de julio de 2020

LA MUJER DEL BOSQUE (Serie Charlie Parker 17) de John Connolly - Que yo recuerde, la mejor novela de la serie.- Valoración 9/10

Serie Charlie Parker
2018 by Bad Dog Books Limited
N.º de páginas: 520
Editorial: Tusquets editores.
Año de edición: 2020
Traductor: Vicente ampos González.

Comentario.

Vuelve el mejor Connolly, el menos sombrío y con menor sobrecarga de entes y fenómenos sobrenaturales; el que mejor escribe tirando de ironía y diálogos chispeantes de sus personajes. Ya era hora. A mí, sus últimas novelas se me habían caído de las manos de tanta trascendencia tenebrosa. Igual no era el único y sus ventas se resentían, así que el bueno de Connolly le ha dado un giro realista a la serie Parker. La pareja malvada, Quayle y Mors, de sobrenaturales solo tienen un halo; sus objetivos son apocalípticos – el Atlas que buscan destruirá la humanidad entera-; pero sus métodos son muy terrenales. Jennifer, el fantasma de la hija muerta, apenas aparece. Lo cierto es que nunca he prestado demasiada atención a su mitología oscura y confusa a la que veo más como un estorbo que como estímulo. Me vale si sirve para que sus malos parezcan más amenazantes, mientras no lancen bolas de fuego por los ojos.
El final abrupto y abierto deja mal sabor: hay que acabar la faena. Por lo que veo en la red, Connolly sigue con Qualey, Mors y el Atlas en la siguiente de la serie.
Se agradece su estilo rico y brillante, inusual en el género.
Este es el tono que gasta en la descripción de personajes:
“Hacía años que Parker conocía a Moxie y todavía no sabría decir si el abogado elegía deliberadamente ropa incompatible con su complexión, o si el corte de cualquier atuendo se fastidiaba en cuanto él se lo ponía. Ése era, suponía Parker, uno de los grandes misterios de la vida.”

Sinopsis de la editorial.


Es primavera y, en los bosques de Maine, las tormentas aceleran el deshielo. Hasta que, de pronto, cuando un árbol cae, junto a las raíces queda al descubierto el cadáver de una joven. Los policías y forenses que investigan lo que pudo ocurrir no tardan en averiguar que la mujer dio a luz poco antes de morir. Sin embargo, en los alrededores no hay ni rastro del recien nacido, que quizá ahora cuente unos tres o cuatro años. Para encontrarlo, el abogado Moxie Castin pide ayuda al detective Charlie Parker. Pero Parker no es el único que ha emprendido esa búsqueda. Tiempo atrás, alguien siguió los pasos de esa joven, alguien que deja cadáveres tras de sí. Y en una casa cercana a los bosques, un teléfono de juguete empieza a sonar. Suena para un niño que está a punto de recibir una llamada de una mujer muerta. Pero, cuando los muertos llaman, sólo Charlie Parker se atreve a contestar.
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sábado, 28 de septiembre de 2019

EN PIEL AJENA (Garda 02) de Tana French - Sobran páginas y falta pegada - Valoración 7/10

Título original: The Likeness (2008)
Serie Garda 02
Editorial: RBA (2011)
Páginas: 656

Sinopsis de la editorial.
Tarde o temprano, el pasado siempre vuelve.
Hacía mucho que Cassandra Maddox no oía hablar de Lexie Madison; en concreto cuatro años, cuando Frank Mackey, su superior en Operaciones Secretas, le ordenó infiltrarse en el mundillo de la droga bajo una nueva identidad: Alexandra Madison, estudiante del diversity College de Dublín. Después de aquella misión, abortada cuando fue apuñalada por un paranoico, Cassie se incorporó a Homicidios y más adelante a Violencia Doméstica, y el nombre de Lexie cayó inevitablemente en el olvido… Hasta el día en que, en un bosque a las afueras de Glenskehy, no muy lejos de Dublín, se halla el cadáver de una joven identificada como Lexie Madison. La noticia sume a Cassie en el desconcierto. «Aquella joven era yo»: sus mismos ojos, su nariz respingona; ambas son como dos gotas de agua. Aprovechando esta inexplicable coincidencia, Mackey urde un plan tan ingenioso como arriesgado para descubrir al asesino: «resucitar» milagrosamente a Lexie ante la opinión pública y hacer que Cassie adopte, por segunda vez, su antigua identidad.
Seducida por el reto, Cassie se instala en Whitethorn House, donde Lexie convivía en aparente armonía con cuatro excéntricos estudiantes, sobre quienes recaen todas las sospechas. Mientras trata de echar abajo las coartadas de cada uno ellos, Cassie empezará a sentirse fascinanada por la mujer que le «robó» su creación y por este grupo tan peculiar, en especial su líder… Una fascinación que alterará el devenir de la investigación y pondrá en peligro su vida.

Comentario.
Resulta que los personajes que deberían ser fascinantes no lo son, ni los cuatro de Whitethorn House, ni Lexie Madison, la suplantadora suplantada. Páginas y más páginas de almuerzos, cenas y veladas alcohólicas en el caserón no consiguen que el lector simpatice o llegue a odiar a ningún personaje porque no llega a conocerlos. Y no los conoce porque están huecos, apenas algo más que poses. Te inclinas a sospechar que la regla que prohíbe hablar del pasado al grupo es un artificio de la French para evitar tener que llenarlo. Para que la novela funcione, el lector debe entender el proceso de identificación de la detective Maddox con el grupo que infiltra, y eso, a pesar de los esfuerzos de French, no sucede. No es fácil dotar de contenido a un grupo de intelectuales excéntricos que los haga creíbles, corpóreos, si no eres una A. S. Byatt, una Iris Murdoch, una Doris Lessing, o, en clave de humor, un DavidLodge, y Tana French no lo es. Posee agudeza, buen estilo y una facilidad narrativa exuberante (a veces desmesurada), pero le falta un peldaño para culminar las tramas y el acabado de algunos personajes. Frase a frase, página a página y la serie Garda tomada en su totalidad, es de lo mejor que hoy se puede leer del género negro al estilo inglés, como queda demostrado en FaithfulPlace al pintar el ambiente proletario de un barrio degradado de Dublín, al representar el mundo adolescente en El lugar de los secretos, o al describir el descenso a los infiernos de la locura de la familia Spain en Nohay lugar seguro.
Llama la atención que sus dos novelas de ambientes cerrados, el caserón del grupito excéntrico de En piel ajena y el internado de El lugar de los secretos, son seguramente sus dos novelas más flojas y las únicas no premiadas (me reservo la opinión sobre El silencio del bosque que aún no he leído). ¿Será porque este tipo de obras requieren una arquitectura más contenida, precisa y menos dispersa?

Buena entrada de Frank Mackey como secundario que será el protagonista y narrador de la siguiente novela de la serie: la excelente Faithful Place.
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sábado, 7 de septiembre de 2019

EL LUGAR DE LOS SECRETOS (Garda 05) de Tana French - Casi 700 páginas de interrogatorios a ocho adolescentes. - Valoración 8,5/10

Título original: The Secret Place (2014)
Serie: Garda 05
Traducción: Gemma Deza
Editorial: RBA Libros (2015)
Páginas: 688

“Ya hemos explicado por qué los adolescentes son tan depresivos, geniales, estúpidos, impulsivos, inspiradores, destructivos, autodestructivos, generosos, egoístas, imposibles y capaces de cambiar el mundo”
Robert Sapolsky: Compórtate
Esta frase del prestigioso científico viene como anillo al dedo para avanzar lo que nos espera en “El lugar de los secretos”, la quinta entrega de la serie Garda que se desarrolla en el ambiente cerrado de un internado femenino.
Holly Mackey tenía 9 años en Faithful Place, ahora tiene 16 y estudia en régimen de internado en St. Kilda, un colegio pijo y exclusivo para chicas. Una mañana se presenta en la oficina de Casos Abiertos y le entrega a Stephen Moran una foto de Chris Harper con una nota que dice “Se quien lo mató”. Chris es un estudiante de Colm, un internado para chicos cercano al de St. Kilda, que el año anterior apareció asesinado en los jardines del colegio de Holly. Moran ve su oportunidad de poner un pie en Homicidios y le lleva la tarjeta a Antoinette Conway, la detective a cargo del caso Harper que no pudo cerrarlo el año anterior; le pide que lo deje colaborar y Conway acepta.
Las 688 páginas de la novela se dedican a un día de interrogatorios en St. Kilda con flashbacks intercalados de secuencias del año anterior que avanzan hasta llegar al día de la muerte de Chris Harper. Los interrogatorios se centran en ocho chicas pertenecientes a dos grupos rivales: el de las “popus” liderado por Joannne y el de las “raritas”, del que forma parte Holly y está liderado por Selena. Conway, un año antes, había topado con el muro hermético de las chicas reacias a colaborar, y esta vez cede la iniciativa a Moran confiando en su empatía y su buena conexión con Holly.
La novela es un gran fresco donde se visualizan “in extenso” cuatro grandes choques de opuestos:
1.       El de clases: Moran y Conway, de origen proletario y educados en colegios públicos, sienten una recelosa aversión (que se esfuerzan en mantener bajo control) hacia las niñas pijas que entrevistan.
2.       El muro infranqueable entre adolescentes y adultos se materializa en el frente común de “popus” y “raritas” para cerrar filas y hacer mutis ante la policía contra los que despliegan todas sus habilidades de disimulo y manipulación.
3.       El enfrentamiento de géneros entre adolescentes muy claro en las estrategias de autoprotección de las “raritas” contra lo que consideran el único objetivo de los chicos: “meterse en sus bragas”. Les atraen los chicos, claro, pero se resisten a ser confinadas a su papel de pañuelos de usar y tirar. Por eso se refugian en el grupo, estrechando sus lazos de lealtad hasta el punto de ser clasificadas por los otros como lesbianas. Harper, que ha refinado sus estrategias de conquista, consigue romper sus defensas seduciendo a Selena, la líder de las “raritas”, y provoca dos reacciones extremas: la de Julia que se acuesta con él para apartarlo de Selena, y la de Beca que no puedo revelar.
4.       La competencia feroz entre grupos (clanes) de chicas, sus rituales de acercamiento y seducción en el centro comercial que es el punto de encuentro con los chicos. Las jerarquías de grupo y los distintos liderazgos: Joanne, la alfa de las popus, es autoritaria, maquiavélica y busca sumisión. Selena, la líder de las raritas, obtiene adhesión incondicional sin buscarla porque es sensible, inteligente y mediadora.
Expliqué en otro lugar por qué, en su día, aparté esta novela y su lectura quedó sin terminar. Ahora conozco a Holly, a Moran y a Conway, he leído tres novelas de Tana French de un tirón y mi predisposición no puede ser más favorable. Aun así, a no ser que tengas un interés especial en el mundo adolescente, no recomiendo entrar en su obra por esta puerta.
La French escribe bien y puede que se regocije un pelín al hacerlo, pero es de lo mejorcito del género y me alegro de haberla descubierto.

Narra Stephen Moran y dirige la investigación Antoinette Conway con una discreta aparición de Frank Mackey, ¿Lo había dicho?
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jueves, 29 de agosto de 2019

FAITHFUL PLACE (LA ULTIMA NOCHE DE ROSE DAY) - Garda 03 - Anatomía de un barrio proletario de Dublín - Valoración 9/10

Título original: Faithful Place (2010)
Traducción: Gemma Deza Guil
Serie: Garda 03
RBA Libros (2013)
Páginas 544

“Así que deja ya de revolotear como una virgen agarrándose las bragas y dime qué opinas de la teoría del detective Kennedy.” Así las gasta Frank Mackey, el narrador de “La última noche de Rose Day”.
A mediados del 2012 dejé la lectura de “En el silencio del bosque” y cerré mi puerta de lector impaciente a Tana French con el comentario: “estilo sobrecargado y progreso lento” (lo veo en la Excel donde registraba mis lecturas). Hice un segundo intento a finales del mismo año con “El lugar de los secretos” y lo mismo, la dejo con el comentario: “no estoy para novelas de adolescentes”. Este agosto de 2019 leo de un tirón cuatro novelas de su serie Garda y me convierto en un devoto incondicional de esta magnífica escritora. ¿Qué ha cambiado? Pues supongo que quería una lectura de descanso y me hallaba mejor dispuesto a abordar algo largo y prolijo (estuve dudando entre la French y Memoria traidora, la única novela de Elizabeth George traducida al catalán), me decidí por “Intrusión”, me gustó y puse la quinta dispuesto a devorar la serie entera. Resultado: Tana French, apartada a un lado en su día, pasa a ser una de mis escritoras favoritas.

“Faithful Place es una angosta calle sin salida enclavada en medio del caos, como un giro equivocado en un laberinto. Está a diez minutos a pie del Trinity College y de la elegante calle comercial Grafton, pero en mi época no estudiábamos en Trinity y los alumnos de la universidad no se dejaban caer por nuestros lares. No era una zona peligrosa, sino simplemente marginal, poblada por obreros, albañiles, panaderos, parados y algún que otro suertudo que trabajaba en la cervecería Guinness y disfrutaba de cobertura sanitaria y clases nocturnas.”
Frank Mackey es en la actualidad un detective de operaciones encubiertas en Dublín. De mediana edad, divorciado de Olivia, abogada e hija de padres acomodados. Tienen una niña, Holly, de nueve años a la que Frank recoge los fines de semana. Hace 22 años, Mackey vivía con su familia (padres y cuatro hermanos) en Faithful Place, una calle de un barrio pobre de Dublín. Tenía 19 años y había decidido fugarse a Londres con su novia Rosie, pero el día de la fuga, la espera durante dos horas y ella no se presenta. Frank piensa que Rosie ha cambiado de idea, pero harto de una madre manipuladora y un padre alcohólico y violento, decide marcharse solo. Durante más de veinte años no ha vuelto a saber nada de Rose ni ha tenido contacto con su familia, hasta que recibe una llamada de su hermana diciéndole que se ha encontrado la maleta de Rose en el 16 de Faithful Place, una casa abandonada y en ruinas. Frank regresa a su barrio y descubre el cadáver de su primera novia en un boquete bajo una losa de hormigón. Mick Kennedy, de la brigada de homicidios, se hace cargo del caso y se niega a que Frank colabore arguyendo su implicación personal, pero éste decide realizar una investigación paralela con la ayuda de Stephen Moran, un simple patrullero incorporado como refuerzo en el equipo de Kennedy. La hipótesis oficial de Mick es que Kevin, el hermano pequeño de Frank, mató a Rose y al aparecer el cadáver 22 años después se suicida. Frank no la comparte y buscará al culpable en la historia del vecindario y la familia.

La inmersión de Frank en su viejo barrio del Dublín proletario, el contraste entre un pasado duro y un presente degradado, forman un cuadro memorable digno del mejor naturalismo de un Zola. Su voz de narrador cínico, desarraigado de una sociedad donde la religión pesa como una losa, la familia es una cárcel autoritaria y la sociedad un cepo de trampero, es el principal atractivo de la, hasta ahora, la mejor novela de la serie.
“Personalmente considero la religión una gilipollez, pero cuando tienes delante a una niña de nueve años sollozando que quiere saber qué le ha ocurrido a su hámster, desarrollas una creencia instantánea por cualquier cosa que alivie la pena de su rostro—. Claro que sí, cariño. Ahora mismo ya estará ahí arriba, sentado en un banco de millones de kilómetros de longitud, bebiéndose una Guinness del tamaño de una bañera y ligando con alguna chica guapa.”
En Faithful Place el tiempo parece estancado. Si los hijos tenían aspiraciones, los años las han devorado: “Pongamos por ejemplo a Mandy, ¿vale? Es la viva imagen de su madre. Se casó a las primeras de cambio, dejó de trabajar para cuidar de su familia, se convirtió en una buena esposa, en una buena madre, y vive en la misma casa. Juro por Dios que lleva la misma ropa que llevaba su madre. Y lo mismo ha sucedido con todo el mundo a quien conocíamos: se han convertido en sus padres, aunque se dediquen a vociferar que ellos son diferentes.”

Narra Frank Mackey, agente encubierto y padre de Holly, aquí con 9 años, que con 16 interviene en “El lugar de los secretos”. Mick Kennedy es el investigador a cargo y antagonista de Mackey que luego narrará “No hay lugar seguro”. Aparece por primera vez Stephen Moran, chupatintas del equipo de Kennedy e informador infiltrado de Mackey; luego narrará “El lugar de los secretos” donde trabaja como segundo de Antoinette Conway. En “Intrusión”, Moran vuelve a trabajar como segundo de Conway, pero narra ella. Visto así parece un lio, la cosa pide a gritos un cuadro con novela, narrador, primer y segundo protagonistas y apariciones cruzadas. Quizá lo haga cuando haya leído las seis novelas de la serie.


Frank Mackey y Antoinette Conway, el uno cínico y taimado, la otra dura y directa, son los dos personajes más interesantes de la serie. Hacia el final de “El lugar de los secretos”, en el interrogatorio a Holly, los dos mantienen una tensa confrontación que echa chispas. Para variar, os daré uno de esos consejos que yo no aplico: leed la serie por orden y obtendréis el placer añadido de ver como los personajes se agrandan al ser presentados desde distintas perspectivas.
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domingo, 25 de agosto de 2019

NO HAY LUGAR SEGURO (Garda 04) de Tana French - French te obliga a pelear los 12 asaltos y te gana por KO técnico - Valoración 8,5/10

Título original: Broken Harbour (2012)
Serie: Garda 04
Traducción: Gemma Deza Guil
Editorial RBA Libros.
Páginas: 640

Locura y muerte en la Irlanda de la burbuja inmobiliaria y la crisis financiera. El lugar: Ocean View cerca de Broken Harbour, una urbanización construida durante el boom inmobiliario en un lugar perdido que con la recesión quedó medio acabada, vacía y abandonada. Vendida sobre planos, la falsa promesa paradisíaca para clases medias ahora era una urbanización fantasma donde vivían unas pocas familias hundidas en la miseria por la crisis financiera del 2007. Las víctimas: la familia Spain, los dos niños aparecen asfixiados en sus camas, Pat, el padre, muerto a cuchilladas y Jenny, la madre, muy malherida pero aún viva. Los investigadores: Mick Kennedy (Scorcher), el detective a cargo y mentor de Richie Curran, el ayudante novato. El narrador: Mick Kennedy, detective muy reglamentista, de manual, que fue el investigador principal en “La última noche de Rose Daly”, narrada por Frank Mackey.

Es como asistir al descenso a los infiernos de una de esas familias modélicas que aparecían en los folletos publicitarios de las nuevas urbanizaciones que surgían como setas en tiempos del boom: padres jóvenes, atractivos, la pareja perfecta que desea prosperar y criar a sus hijos encantadores en una casa con jardín y columpios. Cuando todo eso se derrumba, el sueño se convierte en encerrona; pero ellos se empeñan en ser positivos y mantener viva la esperanza, la ficción. Aprietan los dientes y tratan de conservar las apariencias, de que nadie perciba en sus caras y sus conductas las huellas del fracaso. Pero la olla a presión – “el amor sepultado bajo toneladas de presión” -, revienta y los despeña por el abismo de la locura.

Mick Kennedy, el policía modélico con el porcentaje de casos resueltos más alto de la brigada, es quien habla en primera persona y da el tono formal, eficiente y casi profesoral de la narración. Al comienzo parece que le esté leyendo a Richie Curran, su joven pupilo, el manual oficial del detective de homicidios. Esa parte se hace un poco pesada, pero pronto el lector se empapa del clima opresivo de la novela, se sumerge en los largos y elusivos interrogatorios y observa pasmado como la novela avanza hacia algo amenazante y oscuro.
Richie Curran, al principio mero oyente, discípulo aplicado de las lecciones que imparte Mick, se revela cada vez más incisivo socavando con sus dudas las certezas del veterano detective, quien debe enfrentarse a sus propios demonios del pasado: el suicidio de su madre ahogada en la playa de Broken Harbour y una hermana esquizofrénica de la que se siente responsable. La corrección procesal de Kennedy se tambalea cuando Curran le opone un contundente dilema moral: si el crimen es el resultado de una cadena de desgracias y la reacción previsible del asesino es el suicidio, ¿hay que dejar que lo haga mirando hacia otro lado y cerrando el caso en falso?


Si hay dos caminos, el corto y el largo, Tana French siempre escogerá el largo, el que implica una inmersión total en el contexto familiar y social del crimen, desgranando las historias personales de todos los implicados: victimas, policías, familiares, amigos, pasado y presente. Te parecerá que se recrea, que algunas escenas son innecesariamente largas o superfluas. Es el precio que hay que pagar por una escritora omnívora a quien todo le interesa. No escribe para impacientes; sabe que las cumbres se alcanzan paso a paso y que las vistas desde la cima serán la recompensa. Con la French no puedes ir con prisas, te obliga a pelear los doce asaltos y te gana por KO técnico.
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domingo, 18 de agosto de 2019

INTRUSIÓN (Garda-06) de Tana French - Envolvente, para leer sin prisas - Valoración 8/10

Título original: The Trespasser (2016)
© de la traducción: Julia Osuna Aguilar, 2017
© AdN Alianza de Novelas
Páginas: 528

Sinopsis de la editorial.
La brigada de homicidios de Dublín dista mucho de ser lo que había soñado la detective Antoinette Conway. El único que parece alegrarse de su presencia es su compañero, Steve Moran. El resto de su trabajo es una acumulación de casos ingratos, novatadas hirientes y acoso laboral. Antoinette es una detective fiera y con la piel muy dura, pero está llegando a su límite. El nuevo caso que le asignan parece sencillo: otra pelea de novios que acaba mal. Aislinn Murray es rubia y guapa. Y ha aparecido tan impecablemente arreglada como muerta en medio de su salón propio de un catálogo de muebles, al lado de una mesa dispuesta para una cena romántica. Nada tiene todo esto de llamativo. Excepto que Antoinette está segura de haberla visto antes en alguna parte. Y porque, al final, su asesinato será bien poco de los de manual. Porque otros detectives intentarán presionar a la pareja protagonista para que arresten al novio de la víctima lo antes posible. Porque al fondo de la calle donde vive Antoinette, acecha una figura en la sombra. Y porque la amiga de la víctima parecía olerse que Aislinn estaba en peligro. Todo lo que van averiguando sobre ella la aleja cada vez más de la muñequita de papel cuché que aparentaba ser. Antoinette sabe que el acoso laboral la ha vuelto paranoica, pero no es capaz de saber hasta qué punto: ¿es este caso un paso más en la campaña para echarla de la brigada o fluyen corrientes más oscuras bajo su superficie reluciente?

Comentario.
En cada novela de la serie Escuadrón de Homicidios de Dublín, French cede la voz narrativa y el protagonismo principal a un detective distinto adaptando el tono y el estilo a la personalidad y el contexto vital del nuevo narrador. En la anterior entrega, El lugar de los secretos, la quinta de la serie narraba Stephen Moran, un detective amable, prudente e imaginativo, pero muy crítico y suspicaz. Su compañera, Antoinette Conway, ruda, directa, paranoica y cabreada con el mundo, el extremo opuesto a Moran, es ahora en Intrusión, la sexta y última entrega por ahora, la narradora y protagonista. La dinámica entre los dos detectives y la evolución de su relación es un aspecto interesante de la novela. Un tercer detective, Breslin, el más veterano y experimentado, se inmiscuye en el caso para desviar la investigación de Conway y Moran.
Las novelas de Tana French son un hibrido de thriller procedimental y psicológico apoyado en largas entrevistas – o interrogatorios – a testigos y sospechosos, y en exprimir las contradicciones personales entre los detectives que investigan el caso. A mi entender peca casi siempre de ser demasiado prolija – sobran páginas -, a veces redundante – marea la perdiz -, y tiende a confundir el interrogatorio policial con el diván del terapeuta. Como Elizabeth George y Minette Walters, French es heredera de las renovadoras P. D. James y Ruth Rendell. Escribe bien, su mirada psico-sociológica es penetrante y, si dispones de tiempo, es entretenida. Leo en paralelo “No hay lugar seguro”, una de sus obras más apreciadas por la crítica, y resulta absorbente. Creo que la Walters es más implacable en sus interrogatorios y la George más incisiva, pero si no te dejas llevar por las prisas, Tana French puede ser envolvente y adictiva. 
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domingo, 28 de julio de 2019

13. de Steve Cavanagh - El ritmo por el ritmo. Valoración 6/10

Título original: Thirteen
© 2018, Steve Cavanagh
© de la traducción: 2019, Ana Momplet
Roca Editorial de Libros, S. L.
Páginas: 384

Sinopsis de la editorial.
«Hasta donde sabe, ¿hay algún impedimento para que usted forme parte de este jurado?»
El asesinato no fue la parte más complicada. Fue tan solo el inicio del juego.
Joshua Kane se ha estado preparando toda su vida para este momento. Él ya lo había hecho anteriormente. Pero esta vez será la más importante.
Este es el juicio por asesinato del siglo. Y Kane ha asesinado para obtener el mejor asiento en la sala.
Pero hay alguien a su acecho. Alguien que sospecha que el asesino no es el acusado.
Kane sabe que el tiempo se agota y lo único que quiere es el veredicto de la condena antes de ser descubierto.

Comentario.
Entre las desmesuradas frases de elogio que encabezan el libro:
«El John Grisham para una nueva generación.»
SARAH PINBOROUGH
«Cavanagh es de lo mejor del momento. Créanme.»
LEE CHILD
«Un viaje absolutamente compulsivo.»
MICHAEL CONNELLY
Lo que molesta es que autores que respetas como Child o Connelly regalen alabanzas a granel. ¿Tan bien las pagan? Una pena. Si Cavanagh es la nueva promesa del thriller judicial, muy negro veo el futuro del género. Pero lo reconozco: he picado.
Las motivaciones de Joshua Kane son ambiguas, la preparación de los asesinatos y suplantaciones que lleva a cabo se liquidan en dos frases; por más inverosímil, improbable e inconsistente que sea, todo, simplemente sucede. Y a un ritmo tan acelerado que cuando acabas de ver algo que no cuadra, te vienen encima tres o cuatro dislates más y ya has olvidado el primero. Para que la cosa fluya, si Kane se tuerce un tobillo o sufre un corte en la pierna, pues nada, se le dota de analgesia congénita, una enfermedad que lo hace insensible al dolor, y así no hay quien lo pare. ¿Dónde lo he visto antes?
La idea es buena: un asesino en serie que deja pruebas falsas para inculpar a otro y luego, en el juicio, se infiltra en el jurado y lo manipula hasta conseguir la condena. La idea es buena…, en manos de otro escritor que no sea tan convencional como Cavanagh, de alguien que no se limite a bosquejar los personajes, que enriquezca las situaciones, que motive las historias, que escriba mejor. Lo que hace Cavanagh es como tomar tres o cuatro novelas de Grisham, mezclarlas, agitarlas y pasarlas a cámara rápida. El ritmo por el ritmo, aunque sea a costa de la más remota credibilidad. Tiene material para componer una sinfonía y se conforma con un rap. Va para mala serie de Netflix.

¿Entretenida? Claro. Si no te importa que te tomen por estúpido.
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sábado, 6 de julio de 2019

EL BUENO DE OLIVER de Liz Nugent - Desvelando a un sociópata - Valoración 8/10

Título original: Unravelling Oliver
© 2014, Liz Nugent
© 2014, Isabel Murillo, por la traducción
Penguin Random House (2015)
Páginas 288

“Unravelling Oliver”, el título original en inglés, es mucho más apropiado puesto que la novela desentraña, desvela el misterio de Oliver Ryan, un famoso autor de cuentos infantiles que, en el primer capítulo, propina una paliza de muerte a su mujer Alice. A partir de ahí, la novela se despliega en forma coral y el mismo Oliver y distintos personajes relacionados con él van desgranando los misterios de su vida: hijo ilegítimo repudiado por un padre ultra religioso, infancia solitaria en un internado, joven frio y distante incapaz de establecer lazos de afecto, el éxito y la fama mediática como autor de cuentos infantiles, su boda con la tímida y discreta Alice, ilustradora de sus libros… Pero Oliver va dejando un rastro de sangre en su camino: tres muertes y Alice en coma a causa de la paliza. Los motivos no se sabrán hasta el final de la novela.

Mezcla hábil de melodrama, suspense y tragedia griega – incluida la némesis de Oliver -, es una reconstrucción perfecta de una vida marcada por su origen, con dos o tres giros, situados en el momento preciso, que te dejan atónito. La prosa fácil, clara y muy expresiva, hace asequibles una trama y unos personajes que en manos de autores más sofisticados (un Thomas Mann, por ejemplo) habrían producido una obra maestra. No sé muy bien si eso es un reparo o una virtud; de cualquier modo, se adapta mejor a estos tiempos de preeminencia audiovisual de lo que lo haría una novela con más matices introspectivos.
Es la primera novela de Liz Nugent con la que ganó el Irish Book Award (Crime Fiction Book of the Year) en el 2014. Volvió a ganarlo con “Lying In Wait”, su segunda novela, y de nuevo en 2018 con “Skin Deep”; las dos últimas aun no traducidas.

Desde “La Cruzada De Los Niños” de Marcel Schwob (1896) y “Mientras agonizo” de William Faulkner (1930), la novela coral se ha cultivado con relativa frecuencia y notable éxito. El juego de voces, personajes que cuentan la historia desde su punto de vista y se complementan o contradicen, exige un gran dominio de la trama y, si el género es de suspense, como en la novela de Nugent, requieren un cuidado exquisito para elegir el momento de la revelación. En el blog hay reseñas de algunas novelas corales; estas tres son de las buenas:
-          BREVE HISTORIA DE SIETE ASESINATOS de Marlon James - Una epopeya de violencia y degradación - Valoración 10 sobre 10
-          DOS TAÜTS NEGRES I DOS DE BLANCS de Pep Coll - "True crime" viu i colorit - Valoració 8,5/10
-          L'ASSASSINAT de Jim Thompson - La seva intensitat t'embolcalla des de la primera línia. - Valoració 9/10


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sábado, 29 de junio de 2019

EL FRIO DE LA MUERTE (Charlie Parker 16) de John Connolly - Más fantástico que "noir" - Valoración 8/10

Título original: A Game of Ghosts (2017)
De la traducción: © Vicente Campos González, 2019
Tusquets Editores S.A. (2019)
464 páginas

Sinopsis de la editorial.
El detective privado Jaycob Eklund ha desaparecido, y Charlie Parker recibe el encargo de localizar su paradero. Quien le pide eso a Parker es Edgar Ross, agente especial del FBI, que tiene sus motivos —inconfesados— para encontrar a Eklund. Pero Eklund no es un investigador común y corriente. Está obsesionado con seguir el rastro de desapariciones y homicidios poco comunes. Y ahora Parker, acompañado por los inseparables Louis y Angel, debe internarse en el mundo por el que ha transitado ya Eklund, un lugar regentado por una Madre monstruosa que dirige un vasto imperio criminal al margen de la ley.
   Para solucionar este caso, Parker también tendrá que llegar allí donde el frío de la muerte, desde hace más de un siglo, alcanza a los inocentes, sin que éstos nunca lleguen a saber por qué.

Comentario.
A medida que avanza la serie Charlie Parker y Connolly se desplaza claramente hacia lo fantástico - cada vez pasan más cosas en el limbo fantasmal y menos en el mundo humano -, mi interés viaja en sentido contrario con tendencia a desaparecer. En esta entrega, la lucha se establece entre Los Hermanos y Los Hombre Huecos y Parker, Angel y Louis intervienen muy poco, dedicados a la búsqueda del detective Eklund por encargo de Edgar Ross, del FBI. Por cierto, no llega a saberse porque Ross se interesa por Eklund.
El submundo de Connolly, cada vez más poblado de entes fantasmales que infringen daño a los vivos, movidos por distintos grados de resentimiento, se vuelve pesado e inverosímil, rompiendo el equilibrio – tan bien logrado en las primeras entregas – entre lo real y lo fantástico. Y es una pena porque Connolly escribe bien, tanto que me ha mantenido atento a una novela que, solo una vez leída, me doy cuenta de que el tema no me interesa.
En la reseña de “Los mecanismos de la ficción” de JamesWood decía:
“¿Por qué apreciamos mejor una novela fantástica si es más “realista”? Porque el realismo es el anclaje de un relato con nuestra conciencia lectora, los puntos de contacto con el mundo exterior (historia, sociedad, familia) o interior (inquietudes, intereses, pasiones) que lo hacen verosímil. Más que real, queremos que una historia sea verosímil, es decir, que parezca real, o mejor y, para mí, menos estrecho, que parezca posible.”

Si ese anclaje se suelta, el interés desaparece.
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domingo, 30 de septiembre de 2018

POR LA MAÑANA ME HABRÉ IDO (Sean Duffy 03) de Adrian McKinty - El clásico “problema de la habitación cerrada” en el Ulster violento.- Valoración 9/10

Título original: In the Morning I’ll Be Gone
Adrian McKinty, 2014
Traducción: Eduardo Hojman
Páginas: 376
Alianza editorial 2016

—Sí. Eso fue todo. ¿Sabe por qué los magos jamás revelan sus trucos?
—¿Por qué?
—Porque todos los trucos son jodidamente estúpidos.

Belfast 1983. Una gran fuga de 38 presos del IRA de la cárcel de Maze entre los que se encuentra Dermot McCann, experto en explosivos formado en la Libia de Gadafi. McCann había sido amigo de Duffy y el MI5 le ofrece a este devolverle el rango del que ha sido degradado si ayuda a su detención. Duffy recurre a la suegra de McCann que promete informarle de su paradero si resuelve el asesinato de su hija, ocurrido unos años antes, que fue archivado como suicidio. Para descubrir al asesino, Duffy se enfrenta al clásico “problema de la habitación cerrada” en apariencia irresoluble, pero, como los juegos de magia, parece obvio cuando descubres el truco. En la línea habitual de inscribir sus tramas dentro de la historia real, McKinty hace que Duffy salve a la Thatcher del atentado que sufrió en Brighton (1984), durante la conferencia del Partido Conservador.

Si Stuart Neville enfoca el conflicto de Irlanda del Norte desde la aventura y la acción, McKinty adopta una perspectiva más envolvente dibujando el paisaje apocalíptico, humano, urbanístico, político y social, a que ha quedado reducida una sociedad inmersa en la violencia irracional.
La trilogía de Duffy funciona perfectamente como entretenimiento y ayuda a entender el basto cuadro de guerra sucia de una etapa muy oscura cuyas heridas no creo cicatrizadas.

Para una visión más amplia de la serie ver la reseña de ColdCold Groung.
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OIGO SIRENAS EN LA CALLE (Sean Duffy 02) - Entretenimiento y compromiso - Valoración 8/10

Título original: I hear the sirens in the street
Adrian McKinty, 2013
Traducción: Fernando González Corugedo
Alianza Editorial 2014
Páginas: 432

“Debido al conflicto en Irlanda del Norte, no había virtualmente inmigración. Quiero decir, ¿por qué iba a emigrar nadie a una zona de guerra con muy mal clima, mala gente, mala comida y un desempleo astronómico? Carrickfergus era tan complejo y diverso étnicamente como un mitin conjunto del Ku Klux Klan y el partido nazi.”

Incompetencia policial, componendas políticas, fanatismo religioso, violencia armada, y corrupción empresarial en el Ulster crepuscular de 1982, año en que Argentina invade las islas Malvinas.
Aparece una maleta con el torso desmembrado de Bill O'Rourke, un turista norteamericano de origen irlandés que, en el último año, había viajado dos veces a Irlanda del Norte. Sean Duffy emprende una larga y accidentada investigación para averiguar quién era O’Rourke, quien lo mató y por qué. Las pesquisas lo llevan a desenterrar el asesinato de Martin McAlpine atribuido al IRA y a indagar en las relaciones de su hermano Sir Harry McAlpine con el famoso empresario del automóvil John DeLorean. Ni el FBI, ni las altas esferas están interesados en que el caso progrese.

En lo personal, Sean Duffy, abandonado por la doctora Laura Cathcart que acepta un trabajo en Escocia, se resiste a las seducciones de su vecina la señora Bridewell; sucumbe a los encantos de Gloria, la secretaria de DeLorean y a los de Emma, la pelirroja viuda de Martin McAlpine; fuma hachís turco “liberado” del armario de pruebas; bebe, oye música de su selecta discoteca y no olvida revisar los bajos de su BMW varias veces al día por si le han puesto una bomba lapa.
Las tramas de McKinty siguen bien incrustadas en el contexto histórico y muchos de los personajes en escena son reales, como Ian Paisley, eurodiputado unionista y fanático religioso; Sir Jack Hermon, jefe de la RUC; o John DeLorean, empresario de la industria del automóvil que fue arrestado en Los Ángeles en octubre de 1982 por intentar vender un maletín de marihuana por valor de 1 millón de dólares para salvar su empresa de la quiebra.

A esta segunda entrega le doy un 8 porque me ha parecido que, en intensidad, está un nivel por debajo de la primera y la tercera.

Para una visión más amplia de la serie ver la reseña de Cold Cold Groung.
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miércoles, 12 de septiembre de 2018

COLD COLD GROUND (Sean Duffy 01) de Adrian McKinty - Ironía, humor y potencia visual en un marco de violencia social abrumadora. - Valoración 9/10

Título original: The Cold Cold Ground
Adrian McKinty, 2012
Traducción: Fernando G. Corugedo
Alianza Editorial 2013
Páginas: 472

“Fuera la lluvia caía con tanta fuerza que más parecía que era el odio y no la gravedad lo que se la llevaba hacia el polígono de Rathcoole.”
“Apagué el motor y me instalé en mi pequeña cárcel existencial antes de salir a esa cárcel existencial más grande que es Irlanda del Norte.”

Sean Duffy, católico, culto, melómano, con un doctorado en psicología, es sargento detective de la RUC en Carrickfergus, pequeño pueblo cerca de Belfast. Es un policía chandleriano escéptico, irónico y tenaz, en el Ulster arrasado por el conflicto entre republicanos y unionistas en los años ochenta durante el gobierno de Margaret Thatcher. Su trabajo se desenvuelve en un clima de violencia social extrema entre una cadena de atentados, crímenes y represalias entre nacionalistas (IRA) y paramilitares unionistas (UVF y UDA). A las bombas lapa, incendiarias, atentados diarios, controles del ejército en carreteras, bombas trampa, ataques con granadas y lanzacohetes, había que añadir las turbias tramas de espionaje del MI5 y las estrategias de propaganda del Sinn Féin.
En ese contexto el inspector Duffy debe investigar el asesinato de dos homosexuales y el aparente suicidio de Lucy Moore, la joven exesposa de un dirigente del IRA encarcelado en la prisión de Maze durante la huelga de hambre en la que murió Bobby Sands y nueve presos más. Algunas pruebas apuntan a un asesino en serie homófobo, pero en una sociedad muy conservadora donde los actos homosexuales son delitos y las condenas a los gays llueven desde todos los bandos, a nadie le interesa que avance la investigación. Cuando Duffy descubre que Tommy Little, uno de los gays asesinados, era el jefe de la Unidad de Seguridad Interna del IRA, las cosas se complican con nuevas conexiones entre los dos casos. A partir de ahí se acelera el ritmo y menudean los episodios más cruentos.

No puedo desvelar detalles de la trama, solo decir que una de las figuras centrales es Freddie Scappaticci "Stakeknife", topo del MI5 en el IRA durante treinta años que podría haber cometido más de cuarenta asesinatos con el beneplácito de los servicios secretos británicos. Este personaje (como otros que aparecen en la novela) que fue clave en la “guerra sucia” contra el IRA, está vivo y en paradero desconocido. Este factor de realidad es un distintivo de la marca McKinty que inscribe sus tramas en lugares, sucesos y personajes escrupulosamente históricos.
Como en Philip Kerr, las historias de McKinty están ambientadas en el pasado, pero el carácter y el estilo de sus héroes son contemporáneos. Su prosa ágil y ligera, rociada de ironía y humor, tiene una potencia poética muy visual de una eficacia contundente. Sus tramas, con amplio enfoque sociopolítico, la investigación criminal muy elaborada, entretenidas y por momentos espectaculares, se inscriben en un cuadro histórico fidedigno y detallado con una fuerte voluntad de denuncia de la violencia irracional a que se ve arrastrada una comunidad dividida cuando impera la ley de acción-reacción.

Leo de un tirón las tres primeras novelas de la serie Sean Duffy y espero con impaciencia la traducción de las tres siguientes.
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miércoles, 28 de febrero de 2018

PAGANOS Y CRISTIANOS EN UNA ÉPOCA DE ANGUSTIA de E. R. Dodds - Erudición y crítica penetrante y honrada escrita con elegante lucidez. Valoración 10/10

Título original: PAGAN AND CHRISTIANIN AN AGE OF ANXIETY
Traductor: J. Valiente Malla
Ediciones Cristiandad 1975
190 páginas

Algunos de los mejores escritores sobre la antigüedad son filólogos clásicos. Recuerdo el magnífico “La sociedad romana” de Ludwig Friedländer o los incisivos libros sobre Grecia de Farrington. E. R. Dodds (Irlanda, 1893-1979) es uno de ellos con un profundo conocimiento sobre los neoplatónicos y un brillante estilo mezcla de atinada erudición y agudeza psicológica. Su “Los griegos y lo irracional” es un clásico de referencia que explica como los que crearon el primer racionalismo europeo eran muy conscientes del poder de lo irracional; pero por carecer de herramientas psicológicas, lo expresaron a través de los mitos.
En “Paganos y cristianos en una época de angustia” hace un recorrido por la cultura pagana y cristiana desde Marco Aurelio (161 d. c.) hasta Constantino (306 d. c.); un periodo que Dion Casio resumió así: «Después de la muerte de Marco la historia pasó de un imperio de oro a un imperio de hierro mohoso». Las 180 páginas de la obra pueden llevar a engaño. El texto principal es breve, pero denso e intenso, y el cuerpo de notas, tan extenso como el principal, para chuparse los dedos. Puedes pasarte días siguiendo la pista y contrastando referencias en internet (muchos, la mayoría en inglés, pueden descargarse libres de derechos). Esos “compárese” son una tentación irresistible. Un ejemplo (con perdón por la larga cita):
“105. La frecuencia del martirio voluntario entre los cristianos está atestiguada por Luciano (Peregr-, 13: «Muchos de ellos se entregan voluntariamente»), por Celso (Oríg., C. Ceis.,8.65) y por Gemente, quien afirma (como más urde haría Juliano, Epist., 89 b Bidei-Cumont) que tales individuos actúan por deseo de morir; (Strom., 4.17.1). Es interesante el hecho de que Epicteto conoce ese mismo deseo de morir entre algunos jóvenes paganos, y se siente obligado a refrendarlo, así como que Séneca hable de un «affectus qui multos occupavit, libido moriendi» (Epist., 24.23). El carácter patológico del anhelo del martirio parece evidente en el crudo lenguaje de Ignacio, Ad Rom., 4. Más sanos parecen los motivos que impulsaron a denunciarse en masa a los cristianos de que habla Tertuliano, Ad Scap,, 5 (y que obligaron al apurado magistrado a indicarles que había otros modos menos perturbadores de buscar la muerte), o los que movieron al joven Orígenes al deseo de morir junto a su padre (Eus., Hist. Eccl., 6.2.3-6. <;No sería la automutilación de Orígenes un sustitutivo del martirio, del que le había apartado su madre, como sugiere Cadiou, Jeunesse d'Origène [1935], 38?). Sin embargo, las autoridades de la Iglesia desaconsejaban generalmente el martirio voluntario (cf. Mart. Polycarpi, 4, y Clem., loe. cit.). Sobre todo este tema, cf. las agudas observaciones de A. D. Nock, Conversion, 197-202, y G. de Stc. Croix, «Harv. Thcol. Rev.*, 47 (1954), 101-3.”

El libro se organiza en cuatro capítulos. Los tres primeros revisan la relación de paganos y cristianos con el mundo, los demonios y los dioses. En el cuarto reflexiona sobre los debates entre los principales representantes de las dos partes –“lo que pensaban cristianos y paganos unos de otros”- y ofrece las causas del éxito del cristianismo.
Empezaré por el final. Dodds dice que el debate entre cristianos y paganos se dio entre personas cultas como a nivel popular en mercados y hogares, pero del último se sabe muy poco. Celso (siglo II) que polemizó con Orígenes, fue el primero en ver una amenaza en el cristianismo y el peligro de que la Iglesia acabara siendo un Estado dentro del Estado. Le siguió Porfirio, por el que Dodds siente alguna admiración. Las tres causas del éxito del cristianismo que Dodds ofrece son:
1.       El exclusivismo. Había demasiados cultos, demasiados misterios, demasiadas filosofías de la vida entre las que elegir y el cristiano podía quitarse de encima el peso de la libertad. En una época de angustia siempre ocurre que los credos «totalitarios» son los que mayor atractivo ejercen.
2.       El cristianismo estaba abierto a todos y no exigía una formación intelectual previa.
3.       El cristianismo esgrimió la amenaza más dura y el premio más sabroso.
4.       El sentimiento de grupo reforzado por la ayuda mutua que ofrecía ante el desamparo de las grandes ciudades.
Sin olvidar el empujón de Constantino al hacer del cristianismo la religión oficial del Imperio. Dodds cita a Rostovtzeff: «reinaban por todas partes el odio y la envidia; el campesino odiaba al terrateniente y a los funcionarios, el proletariado urbano odiaba a la burguesía urbana, y el ejército era odiado por todos* (Social and Economic History of the Roman Empire, 453). El cristianismo aparece entonces como la única fuerza capaz de mantener unidos a todos estos elementos en discordia; de ahí que Constantino lo considerase tan interesante.

El primer capítulo sigue las pistas de la cultura del odio al cuerpo, a los placeres y a todo lo material. El panorama descrito es pesadillesco. El odio y la repulsa al sexo está en el mismo origen del cristianismo: “Galeno y Orígenes dan testimonio de que en sus tiempos eran muchos los cristianos que se abstenían de las relaciones sexuales durante toda la vida; la virginidad era la cumbre y la corona de todas las virtudes.” En los Hechos de Pablo y Tecla, obra muy difundida entonces, se afirmaba que sólo resucitarán los y las vírgenes, y se dice que los marcionitas negaban los sacramentos a los casados. El Evangelio de los Egipcios enseña que «Cristo vino para destruir las obras de la mujer», es decir, para poner fin a la reproducción sexual. El ascetismo degeneró en una carrera de emulación: “Macario de Alejandría supera a todos los demás monjes en el ayuno, con lo que provoca la envidia y la ira de estos.”. Entre los motivos para retirarse al desierto están: el sentimiento de culpabilidad, las querellas familiares y “el mero disgusto por la humanidad”. Pone ejemplos de los dos bandos, como la del fanático neoplatónico Teosebio que “presentó a su esposa un cinturón de castidad y le ordenó llevarlo siempre o marcharse, pero no lo hizo hasta que hubo desaparecido toda esperanza de tener hijos con ella.”
Dodds opina que el desprecio de Ia condición humana y el odio al cuerpo era una enfermedad endémica en toda la cultura de la época, pero sus raíces estaban en una neurosis endógama, indicio de unos sentimientos de culpabilidad intensos y muy difundidos.

El segundo capítulo habla del mundo demoníaco de la época, el común y el diferencial entre paganos y cristianos: sueños, adivinación, visiones, profecías, exhibicionismo, automutilaciones, fraudes… Se extiende en algunas historias como la de Peregrino que “es un personaje mucho más complejo e interesante, y su vida y hazañas, tal como nos las cuenta Luciano, resultan extrañísimas.”

En el tercer capítulo se propone “analizar ciertas experiencias de naturaleza ciertamente oscura y mal definida, pero cuyo valor religioso se admite generalmente.” Explica las diferencias entre el éxtasis griego en Plotino y Porfirio (más cercanos a la mística hindú) y el éxtasis místico, o entre la deificación y la unión mística. Desarrolla especialmente el concepto de unión mística en Plotino que no hubiera estado de acuerdo con Àldous Huxley en que «el hábito del pensamiento analítico resulta fatal para las intuiciones del pensamiento integral». Dodds “considera la experiencia mística como una dilatación de la conciencia personal hasta abarcar esa zona de lo inconsciente” y rastrea esa tendencia a la mística introvertida en otros neoplatónicos. Luego pasa a Orígenes y explica su misticismo frustrado, la deuda de Gregorio con Plotino…, para concluir que la mística, desde los textos gnósticos y herméticos, era endémica y tomó fuerza desde Marco Aurelio a Orígenes: “Ello no ha de sorprendernos. Como ha dicho con razón Festugiére, «miseria y mística son realidades conexas».

Mi admiración por E. R. Dodds es la misma que el sentía por Plotino y Porfirio. Su libro es un ejemplo de erudición y crítica penetrante y honrada escrita con elegante lucidez. Me remito al “compárese” de sus notas y me despido con una última cita:

“Porfirio advirtió, como otros han hecho después, que sólo las almas enfermas sienten necesidad del cristianismo. Pero resulta que en aquella época había muchas almas enfermas; Peregrino y Elio Aristides no son casos aislados; el mismo Porfirio estaba lo bastante enfermo como para entrever la posibilidad del suicidio, y hay motivos para pensar que durante aquellos siglos fueron muchos los que, consciente o inconscientemente, estaban enamorados de la muerte. Para tales individuos, la perspectiva del martirio, que llevaba consigo la fama en este mundo y la bienaventuranza en el otro, venía a ser un atractivo más del cristianismo.”
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sábado, 23 de septiembre de 2017

PECADO (Série Inspector Strafford 01) de Benjamin Black - Buen escritor poco avezado en el género policial - Valoración 7/10

Título originalSnow
TraductorMiguel Temprano García
Páginas400
IdiomaEspañol
Publicación2017 (2017)

“Pecado” es una novela que se inscribe en el canon clásico del detective deductivo y el problema de la habitación cerrada, si bien el inspector Strafford no es muy deductivo ni la vieja casona rural del coronel Osborne está cerrada a cal y canto. Un cura aparece muerto y castrado en una casona rural de la Irlanda profunda, el título de la novela es “Pecado”, la foto de la portada, unos hermanitos Osborne tirando a raritos…, ¿para qué más? Los hechos y los culpables se pueden adivinar casi en la segunda página.
Benjamin Black es un buen escritor, con un estilo de una sobriedad clásica, pero poco avezado en el género policial. La historia se alarga innecesariamente solo a causa de testigos remisos y un inspector poco hábil en interrogar. El tema de la pedofilia clerical, muy manoseado ya (con perdón), y al que Black no aporta nada nuevo. En fin, para el género de “novela problema”, mejor leer a los clásicos: Carter Dickson, Ellery Queen, Margery Allingham, Dorothy Sayers o la misma Josephine Tey.
Lo que dije para Quirke vale para Strafford que amenaza con una nueva serie. Lo peor: como no me gusta Benjamin Black (el pseudónimo policial), me resisto a leer a John Banville, el original.
Ganadora, poco convincente del Premio Internacional RBA de Novela Negra 2017.
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sábado, 17 de septiembre de 2016

CIENCIA Y POLÍTICA EN EL MUNDO ANTIGUO de Benjamin Farrington - Cómo la política frustró el progreso científico en la cultura clásica. - Valoración 10


Título original Science and Politics in the Ancient World
Traductor Domingo Plácido Suárez
Páginas 254
Idioma Español
Publicación 1939 (1973)
Editorial Ayuso

Es inexplicable que un pensador tan brillante como Benjamin Farrington no haya creado escuela ni haya dejado rastro en la historia de la filosofía, la ciencia o la antigüedad clásica. Parece víctima del mismo olvido voluntario que sufrieron sus filósofos preferidos, Anaximandro, Hipócrates, Epicuro o Lucrecio.
En la Standfor Encyclopedia of Philosophy  y la Rouletge Encyclopedia of Philosophy  solo aparece su libro sobre Francis Bacon Farrington, B. (1964) The Philosophy of Francis Bacon. Tampoco se le nombra en “El giro” de Stephen Greenblatt, ese estupendo libro que explica la recuperación de la obra de Lucrecio. No lo menciona Matt Ridley en The Evolution of Everything: How Ideas Emerge (2015) que encabeza cada capítulo con un cita de Lucrecio, ni Michel Onfray en su “Las sabidurías de la antigüedad”. Hay, en efecto, un inexplicable vacío a su alrededor.

En esta apasionante obra, Farrington defiende que la superstición popular que, en Grecia y Roma, obstaculizó el desarrollo de la filosofía natural (ciencia), fue impulsada por los políticos y sus filósofos para sostener el estatus quo de las oligarquías terratenientes que siempre controlaron el estado. El análisis de la obra de filósofos y poetas “nos ayudará a distinguir entre las dos fuentes de la antigua superstición: la ignorancia popular y el engaño deliberado.” Explicará como se llegó del auge de la ciencia con los filósofos jónicos del siglo VI a.d.c. a su situación de decadencia en el siglo VI de nuestra era después de un milenio de civilización.
Comienza oponiendo el pensamiento evolucionista de Anaximandro a la concepción teológica, un milenio después, de Cosmas Indicopleustes, que afirmaba que la tierra era una vasta llanura, limitada por cuatro altas paredes, apoyándose en el modelo del tabernáculo de Moisés, descrito en la Sagrada Escritura y defendía que la fuerza motriz de los cuerpos celestes residía en los ángeles. La obra de Cosmas, Topografía Cristiana, ha sobrevivido entera mientras que de la de Anaxágoras solo quedan unos fragmentos.
Los antiguos abandonaron su ciencia antes de que surgiera el cristianismo; si la ciencia hubiera seguido progresando, el Imperio Romano no hubiera sucumbido a los ataques de los bárbaros. Farrington sostiene que los dos factores que más contribuyeron a la decadencia de la ciencia antigua fueron la estructura esclavista que impidió que los filósofos naturales se “mancharan las manos” con la experimentación, y el impulso consciente que gobiernos, pensadores y clero, dieron a la superstición, para inculcar a las masas ideas “saludables” y convenientes a sus interés oligárquicos, en lugar de ideas verdaderas.
Farrington sostiene que “el hombre no puede tener un conocimiento adecuado de la ciencia aplicada sin una adecuada información sobre las funciones sociales de la ciencia; y de que los obstáculos al progreso de la ciencia pueden surgir de la estructura de la sociedad no menos que de los errores teóricos..., o nuestra ciencia se transforma, o muere.” El buen camino era el trazado por Leucipo, Democrito, Anaxágoras, Epicuro, Lucrecio y los tratados hipocráticos como Los preceptos, fechado en el siglo III a.d.c. que dice:
“Estoy de acuerdo con la teoría sólo en el caso de que esté basada en los hechos y si sus conclusiones están de acuerdo con los fenómenos... Pero si no proviene de una clara impresión, sino de invenciones más o menos aceptables, conduce a menudo a graves y peligrosas consecuencias. Todos cuantos siguen este método entran en un callejón sin salida... Las conclusiones puramente verbales que pueden ser fecundas: lo son solamente las que se basan en hechos demostrados, ya que las afirmaciones y las palabras son engañosas y poco dignas de confianza. Por ello, si queremos adquirir el método verdadero e infalible que se llama ‘arte de la medicina’, incluso al generalizar, debemos atenemos exclusivamente a los hechos, debemos interesarnos solamente por los hechos.”

Los obstáculos los pusieron un Píndaro o un Platón que no comprendió la naturaleza del lenguaje e intentó sacar pruebas físicas de la etimología, fundando una metafísica que ya para Epicuro, pero también para la mayoría de filósofos posteriores a Bacon, es un rompecabezas, un galimatías de trucos sintácticos y, como mucho, intelectuales, que ha acaparado las mentes más potentes de la humanidad durante más de 2.000 años:
“Platón era sin duda un hombre de enorme capacidad intelectual y de ricas dotes interiores, pero no estaba al mismo nivel de los grandes hombres del siglo v, Esquilo, Hipócrates, Tucdides. En la filosofía griega, Platón representa una reacción política a la cultura jónica, en defensa de los ideales de una ciudad-estado basada en la esclavitud, dividida en clases y chovinista, que ya se había convertido en un anacronismo. Mientras sus predecesores jónicos habían purificado todo lo que debían a la civilización del próximo Oriente de todos sus caracteres de superstición y clericalismo, Platón tomó de los caldeos la fe en la divinidad de los astros, y de Egipto, un método de opresión espiritual.
Sostuvo durante su vida una larga lucha contra todo lo que había de más vivo en la cultura griega: la poesía de Homero, la filosofía natural de Jonia, el drama de Atenas.”
Al demoledor ataque de Farrigton a Platón sigue el que, más adelante, hace a Cicerón como defensor de la “religión de estado”, su admiración secreta y su menosprecio oficial a Lucrecio, que demuestran la tensión que había en su época entre los epicúreos y la oligarquía dominante.

Proclama la importancia de Lucrecio como divulgador de la obra de Epicuro y la dignidad de su campaña contra los terrores de la religión:
«Tú mismo, una vez u otra, oprimido por las terroríficas palabras de los vates, tratarás de separarte de nosotros. Y realmente, ¡cuántos sueños pueden inventar ellos para ti, capaces de hacer cambiar las reglas de tu vida y de turbar con el terror todos tus bienes! Y es natural, ya que si los hombres vieran que hay un límite bien determinado para su desventura, serían capaces de oponerse de cualquier manera a los escrúpulos religiosos y a las amenazas de los vates. En cambio, actualmente no hay ninguna forma, ninguna posibilidad de oponerse, dado que después de la muerte deben temer que se les castigue con penas eternas.»

Las élites políticas y oligárquicas siempre han temido el “caos moral” de un estado sin religión y, en consecuencia, han alentado la ignorancia, la religión y todo tipo de tradiciones supersticiosas útiles para controlar a las masas. Epicuro, los atomistas, los hipocráticos y, en parte, los estoicos, ya habían proporcionado las bases para organizar una sociedad asentada sobre los derechos humanos y la laicidad del estado; pero hubo que esperar 2.000 años para que esa idea empezara a tomar cuerpo en el siglo XVIII, lo mismo que ha tardado la ciencia en hacerse con las riendas del pensamiento. Esos veinte siglos perdidos no fueron una “etapa” necesaria en el progreso humano. Que sucediera no significa que fuera inevitable.
Un libro esclarecedor, claro y directo, que con una erudición casi detectivesca, penetra en los entresijos de las tensiones que frustraron el progreso científico en la cultura clásica.

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viernes, 26 de agosto de 2016

EL MUNDO DE LA ANTIGÜEDAD TARDÍA de Peter Brown - Sentó escuela. Gran repercusión dificil de entender - Valoración 8 sobre 10


Título original The world of Late Antiquity
Traductor Antonio Piñero
Páginas 224
Idioma Español
Publicación 1971 (2012)
Editorial Gredos

Desde que leí, hace años, la Historia de la decadencia y caída del imperio romano de Edward Gibbon, dejé de leer novela histórica. Me dí cuenta de que la realidad superaba la ficción y de que un buen libro de historia podía ser más apasionante que cualquier novela. Eso, a pesar de que la única edición en castellano eran los 8 tomos de la editorial Turner, una infame traducción de José Mor Fuentes, del siglo XIX, en un castellano arcaico, rancio y castizo que te dejaba aturdido. Había llegado a Gibbon gracias a la lectura de Historia de la filosofía occidental de Bertrand Russell que lo citaba con frecuencia y, cuando comparaba las citas perfectas de Russell con lo que estaba leyendo, me sumía en un estado de rabia depresiva. Más adelante me hice con la edición de Robert Lafont en francés, que ya era otra cosa, y después con la de Penguin Classics en 3 tomos. Turner modernizó la traducción de José Mor y la reeditó en 4 tomos, más legibles pero aún lejos de la corrección. Por fin Ediciones Atalanta, en el 2012, lo editó en 2 tomos y nueva traducción de Sánchez de León. Ésta es la que recomiendo a los que tengan la suerte de no haber leído, todavía, la “Decadencia y caída”.
Está claro que soy un gibboniano. Su enorme obra me impresionó por su visión panorámica y de detalle; por su peculiar estilo mezcla de solemnidad e ironía; por su ingente conocimiento de las fuentes y el hábil manejo que hace de ellas encajándolas en una grandiosa imagen global, desde la muerte Marco Aurelio (180 d. C) hasta la caída de Constantinopla (1.453 d. C.). Todo sobre un fondo de traiciones, intrigas y crímenes que dan a la obra una poderosa fuerza dramática.
Las causas a las que Gibbon atribuyó el derrumbe del Imperio, a mi entender, no carecen de vigencia: el debilitamiento del ejército en manos de mercenarios bárbaros, la ingerencia de la Guardia Pretoriana en la administración del poder, el aumento de la corrupción, o la expansión del cristianismo y su efecto debilitante sobre la sociedad al estar más interesado en la otra vida que en ésta.
La inclusión del cristianismo como causa de la decadencia fue, como era de esperar, lo que levantó más polémica e hizo que la Iglesia incluyera la obra en el Índice de Libros Prohibidos.
Gibbon fue pionero en la recopilación y uso de las fuentes primarias: fue el primero en preguntarse sobre la intencionalidad de todas las fuentes y en rechazar la credibilidad de los apologetas cristianos repletos de milagros, maravillas y fantásticos martirios. Soy un ferviente defensor de las notas a pié de página; pero, en el caso de Gibbon, leer las notas es más que recomendable, es inexcusable: son tan suculentas o más que el texto principal. Lástima que en las ediciones que tengo, de Turner, Robert Lafont y Penguin, muchas están en latín (y hasta en griego). Ignoro si en la nueva edición de Atalanta están traducidas.

“El mundo de la antigüedad tardía” de Peter Brown

Si para Gibbon el imperio romano significaba la civilización, y el cristianismo, uno de los culpables de su derrumbe, suponía el triunfo de la superstición y el fanatismo, para Peter Brown, las religiones (cristianismo e islam) marcan una feliz transición hacia una Edad Media de progreso espiritual, político y cultural. Las tesis de Brown han creado escuela propugnando el estudio de San Agustín, los santos, los monjes y eremitas, enlazando con la revalorización de la Edad Media iniciada por Le Goff.
La obra de Brown, de elevado tono literario, plantea, de forma sintética, las diferencias evolutivas de las sociedades post romanas de Occidente y Oriente, coronadas por la expansión del Cristianismo y el Islam, que el entiende como un progreso en el camino de la espiritualidad.
El libro tiene dos partes. El la primera, titulada “La revolución romana tardía”, explica a grandes trazos cómo era la sociedad romana desde el siglo III al IV y que significó la emergencia del cristianismo. La segunda parte, titulada “Legados divergentes” (para mí la mejor), estudia las diferencias entre el resurgimiento de Occidente y la consolidación de Bizancio, para terminar con la expansión del Islam.
Su dibujo de la sociedad romana es correcto pero se empieza a advertir el sesgo en la adjetivación. Así la cultura clásica está representada por “fanáticos tradicionalistas romanos” y los obispos son “tozudos y valerosos”
Pronto su posición es más clara:
“Las ganancias cristianas se habían conseguido justamente en aquella parte del mundo romano que había resultado comparativamente indemne de los disturbios y problemas de finales del siglo III. El silencio descendió sobre las provincias reciamente paganas de Occidente. Por el contrario, Siria y Asia Menor, con sus resonantes elementos cristianos, se mantuvieron incluso con mayor intensidad que antes como provincias de una prosperidad aún no deslustrada y como fermento intelectual.”
El lenguaje metafórico y oscuro no oculta sus preferencias. Hay mucho que hablar (y no lo hace) sobre como se enriqueció la Iglesia. ¿Qué significa “sus resonantes elementos cristianos”? ¿Fermento intelectual? ¿En que consistía la mejora sobre el pensamiento clásico, tanto el platónico, aristotélico o epicúreo?
La gente se convertía al cristianismo porque sus dioses paganos no resolvían su angustia existencial:
“La nueva manera, en contraste con la anterior, apelaba directamente al centro y se alejaba de los dioses subordinados de las creencias populares; se dirigia al Dios único
como expresión de un poder latente e inefable”.
La expansión del cristianismo hasta el siglo III se describe en términos de un idealismo personalista ajeno a las condiciones sociales:
“La sensación de una «irrupción» inminente de la energía divina en el mundo interior de cada individuo tuvo unos efectos revolucionarios.”
“Poder latente e inefable”, “energía divina”… Esto es lenguaje teológico; por este camino no vamos a saber nada de las causas reales. “La nueva manera”, “efectos revolucionarios”… Adjetivación muy sesgada: se asocia el cristianismo con lo nuevo y revolucionario.
Yo creo que el cristianismo se extendió gracias a que tenía una oferta muy potente: vida eterna después de la muerte; apoyada por la profusión de milagros bien recibida en una sociedad crédula, por el fuerte sentido de pertenencia por compartir la “Revelación”  y por el gancho, más mundano, de la solidaridad y ayuda mutua (caridad) entre los miembros del grupo, “un potente dispositivo de difusión que fortalece la curiosidad (y la envidia) afuera del grupo, permitiendo así que las barreras lingüísticas, étnicas y geográficas sean más fácilmente penetradas.” (Dennett 2007. Nota 6)
Prefiero los hechos a las especulaciones teológicas; como Wickham cuando dice:
“En los siglos IV y V, la iglesia se convirtió en una estructura compleja, con quizá unos cien mil clérigos de diversas clases (lo que superaba el número de empleados de la administración civil) y un incremento constante de la riqueza, como resultado de donaciones piadosas.”
Pero Brown no va por ese camino; prefiere una interminable exaltación del pensamiento de los apologetas cristianos, omitiendo lo que no le interesa.
Más consistente es la segunda parte “Legados divergentes” en que revisa los caminos distintos que recorren Occidente y Bizancio y señala las diferencias entre la expansión del Islam y el cristianismo.
  
Lo que opinan algunos historiadores actuales sobre la escuela de Peter Brown.

Los más significativos historiadores actuales de la Antigüedad Tardía (1) guardan una distancia más o menos respetuosa con Brown. Cameron dice:
“Brown es en general mucho más entusiasta, por no decir más emotivo, a la hora de destacar los conceptos; y es muy posible, en efecto, que por su causa «la Antigüedad tardía» se haya convertido en un terreno exótico, poblado de monjes salvajes y vírgenes excitadas, y dominado por el choque de religiones, mentalidades y modos de vida.”
Yo, en la obra, no he visto nada (quizás una rápida mención) sobre monjes salvajes y vírgenes excitadas. Y lo echo en falta. En esta web encontrareis información sobre el extravagante mundo de los monjes y los ascetas:
Mitchell opina que los trabajos de Brown y sus continuadores pueden cautivar pero no siempre convencen y no contribuyen a formar un cuadro global del contexto social y cultural. Ward-Perkins es quizá el más gibboniano en su crítica demoledora a los apologetas cristianos. En general, las opiniones de los especialistas actuales hacia la escuela de Brown, van de una admiración cautelosa a un distanciado “acuse de recibo”; da la sensación de que se quiere evitar una guerra abierta como la que hay entre evolucionistas y creacionistas.
En ésta frase de Bryan Ward-Perkins, el más gibboniano de los historiadores actuales,  en  La caída de Roma y el fin de la civilización, hay un lamento y, más velada, una sospecha, por el auge del enfoque espiritual en los estudios de la Antigüedad Tardía:
“La nueva Antigüedad tardía está fascinada con la historia de la religión. Esto, como laico que soy, me aturde, y no me ofrezco como comentarista fiable del fenómeno. A veces me he preguntado si es más fuerte en Estados Unidos por desempeñar hoy allí la religión un papel mucho más central que en la mayor parte de Europa. Es un hecho que solo en Europa se encuentran historiadores como yo, con un interés activo en aspectos seglares de finales del mundo romano, como la historia política, económica y militar. Por otra parte, los estudiosos que sostienen la nueva Antigüedad tardía en Estados Unidos provienen de la intelligentsia de ambas costas, de manera que no, no nos hallamos ante una relación estrecha con el «Cinturón de la Biblia»18. Suelen centrarse, de hecho, no en los aspectos más intransigentes y fundamentalistas de la religión tardo-antigua (que eran muchos), sino más bien en su sincretismo y flexibilidad.”
He consultado (que no leído al completo) las dos obras de Chris Wickham mencionadas en la nota 1. Son impresionantes por la abundancia de datos y por la maestría con que maneja las fuentes narrativas (cristianas y paganas) y arqueológicas, para darnos tanto la visión panorámica como la de detalle. Para los amantes del detalle, entre los que me cuento, es un festín; muestra cientos de piezas fascinantes del puzzle y, además, sabe encajarlas ofreciéndonos la figura completa. Se sitúa más cerca de la escuela materialista de A. H. M. Jones (3), pero no desprecia ningún ingrediente que haga más suculento su guiso histórico.

El problema de las fuentes.

“Los nuevos maestros, los que se copia, se recopia, se utiliza, difunde, lee y comenta, los autores para quienes trabajan los monjes en sus monasterios, son los Padres de la Iglesia: Tertuliano cree “porque es absurdo”, Origenes se castra para llegar más rápidamente al Señor, Cipriano de Cartago descubre a Dios cortejando a una muchacha, Gregorio Nacianceno se tiene por un cadáver que respira, Evadro el Póntico se va al desierto huyendo de las mujeres y los obispos, Juan Crisóstomo llama a matar paganos, Gregorio de Nisa conoce la epectasis, la verdadera (muerte durante un orgasmo), San Agustín enseña la inexistencia de las antípodas y lloriquea a lo largo de las Confesiones, y tantos otros… Es la buena sociedad filosófica, pero en ella todos están disgustados con su cuerpo y con la vida. En adelante habrá que contar con esta gente, y durante un milenio.”
Con su estilo directo y descarado, así dibuja Michel Onfray en el segundo tomo de su interesante y provocadora Contrahistoria de la filosofía (2), El cristianismo hedonista (2006). San Agustín “lloriquea a lo largo de las Confesiones”… Peter Brown, que dedicó a San Agustín una elogiada y canónica biografía de 600 páginas,  se estará tirando de los pelos.
Fernando Báez (4) dice que el 60% del total de libros perdidos se debe a la voluntad humana. Yo diría que, para éste periodo, la proporción es mayor. El número de escritos paganos que sobreviven, comparado con las obras cristianas, es insignificante.
Mitchell explica que:
“La mayor parte de esta nueva literatura es cristiana. Este sobrevive en cantidad prodigiosa, incluyendo obras de hagiografía, historia de la iglesia, sermones y discusiones teológicas, muy por encima de lo que sobrevive de la tradición pagana. Gran parte de esta literatura cristiana es clara y descaradamente partidista en la forma en que retrata el mundo de la antigüedad tardía.”
A diferencia de los cuatro autores consultados, Brown no hace crítica de las fuentes. Ignoro la proporción existente, en esas fuentes, entre la (luminosa) “elevada espiritualidad” que tanto busca Brown, y las (oscuras) polémicas teológicas, las fantasías martirológicas y milagreras, y las coacciones supersticiosas; pero sospecho que las oscuras se llevan la palma. No menciona nada parecido, por ejemplo, a la cita de Wickham, sobre la prohibición de trabajar el domingo:
“quienes trabajaban los campos los domingos quedaban tullidos y nacían ya tullidos los hijos de las relaciones sexuales dominicales”


Conclusión
 
Peter Brown es sin duda un inteligente y refinado erudito (unos dicen que maneja 15 lenguas y otros 26) que hace 40 años agitó la aletargada historiografía tardo-romana poniendo el foco en la narrativa religiosa en un esfuerzo por revalorizarla. Como se comprueba en sus comentarios bibliográficos, donde reparte elogios a todos sus colegas, es un tipo respetuoso y poco combativo al que los historiadores de hoy pagan con la misma moneda: interesante, valioso, estimulante, entusiasta, emotivo…pero ellos se dedican a otra cosa.
Brown selecciona y omite hechos y citas para dar la impresión que el cristianismo triunfó gracias a su superioridad intelectual, espiritual y moral sobre la cultura clásica. Por ejemplo, olvida mencionar una “cuestión menor” que señala Wickham:
“Teodosio I había prohibido los puntales de buena parte del paganismo tradicional: el sacrificio público y la devoción privada de imágenes. Esta legislación coercitiva se reforzó aún más en el siglo V y Justiniano le añadió los toques finales, al prohibir los cultos paganos e imponer el bautismo so pena de confiscación y, en ocasiones, ejecución”. Osea, que si no te convertías perdías tus propiedades y puede que tu vida. Sin esta “pequeña ayudita”, ¿se habría consolidado y extendido el cristianismo?
Yo, como simple aficionado, voy a expresarme con claridad: Brown me parece un teólogo disfrazado de historiador cultural que, como los creacionistas, reedita conceptos retrógrados camuflados en psicología social y presentados en forma literaria, impresionista (una pincelada por aquí, otra por allá), metafórica y oscura. Me recuerda a un Menéndez Pelayo cruzado con Carlyle (los héroes de éste son los santos de Brown), más sutil, que en vez de atacar de frente todo pensamiento disidente (herejías), simplemente, omite mencionar lo que no le interesa. Y lo que no le interesa es mucho. Al leer la Historia de los heterodoxos españoles me sentía atraído por las herejías contra las que M. Pelayo arremetía; con el libro de Peter Brown me ha pasado algo parecido: cuanto más se esfuerza por señalar el progreso espiritual representado por santos, padres de la iglesia, monjes y ascetas, más me convence de lo acertado de la crítica de Gibbon. Algo denotará la buena acogida que han dispensado los teólogos a las obras de Brown.
Brown utiliza su lupa para extraer esos vagos y oscuros refinamientos espirituales. Lo que yo veo es la herencia que nos dejó el galimatías teológico de sus santos y doctores de la Iglesia: mil años de parálisis del progreso material, guerras, persecuciones de herejes y judíos, y estancamiento intelectual del que aún padecemos sus secuelas. No creo en el relativismo histórico que tiende a justificar los errores explicando su lógica interna: no lo hacemos con el nazismo o el comunismo, ¿por qué deberíamos hacerlo con el cristianismo? Que las cosas hayan sido así no significa que no pudieran haber sido distintas. Desde siempre ha habido otro camino, el iniciado por Leucipo, Demcrito, Epicuro, Lucrecio… pero fue descartado porque era difícil de instrumentalizar por el poder.
Termino con una cita de Robert G. Ingersoll extraída de un libro de Jerry A. Coyne (5):
“Hay más de valor en el cerebro de un hombre medio de hoy, de un maestro-mecánico, un químico, un naturalista, un inventor, que la que había en el cerebro del mundo hace más de cuatrocientos años.
Estas bendiciones no cayeron del cielo. Estos beneficios no cayeron de las manos extendidas de sacerdotes. No se encontraron en las catedrales o detrás de los altares, tampoco buscándolos con velas sagradas. No fueron descubiertos orando con los ojos cerrados, tampoco llegaron en respuesta a la súplica supersticiosa. Son los hijos de la libertad, los dones de la razón, la observación y la experiencia, y por todos ellos, el hombre está en deuda con el hombre
.”
Y una invitación: leed a Edward Gibbon (7), no os arrepentiréis. Quizá sea una de las más impactantes experiencias lectoras de vuestra vida.


NOTAS
(1) Las obras que he consultado y que creo que son las mejores sobre la Antigüedad Tardía son:
-          Averil Cameron: “El mundo mediterráneo en la Antigüedad tardía (395-600)” . (1993)
-          Stephen Mitchell: A History of the Later Roman Empire, AD 284-641. (2015)
-          Chris Wickham: El legado de Roma. Una Historia de Europa de 400 a 1000 (2009)
-          Chris Wickham: Una historia nueva de la Alta Edad Media Europa y el mundo mediterráneo, 400-800 (2005)
-          Bryan Ward-Perkins: La caída de Roma y el fin de la civilización (2005)

(2) Michel Onfray, claro, intenso y radical. Se han traducido al castellano 4 de los 6 libros publicados de su esclarecedora e “incorrecta” serie sobre la filosofía no oficial:
Contrahistoria de la Filosofía
·  Las sabidurías de la antigüedad. 2006
·  El cristianismo hedonista 2006
·  Los libertinos barrocos. 2007
·  Los ultras de las luces. 2007

(3) A. H. M. Jones: The Later Román Empire 284— 602. A Social, Economic and Administrative Survey (Oxford, 1964). En tres volúmenes, no traducida al castellano.

(4) Fernando Báez: Historia universal de la destrucción de libros (2004)

“En esta historia de la destrucción de libros se observará que la destrucción voluntaria ha causado la desaparición de un sesenta por ciento de los volúmenes. El otro cuarenta por ciento debe imputarse a factores heterogéneos, entre los cuales sobresalen los desastres naturales (incendios, huracanes, inundaciones, terremotos, maremotos, ciclones, monzones, etc.), accidentes (incendios, naufragios, etc.), animales (como el gusano del libro o polilla, las ratas y los insectos), cambios culturales (extinción de una lengua, modificación de una moda literaria) y a causa de los mismos materiales con los cuales se ha fabricado el libro (la presencia de ácidos en el papel del siglo XIX está destruyendo millones de obras).”

(5) Jerry A. Coyne: Faith vs. Facts (2015)

(6) Daniel Dennett: Romper el hechizo: la religión como fenómeno natural (2007)

(7) Edward Gibbon: Historia de la decadencia y caída del imperio romano ( 2 vols ) Ediciones Atalanta 2012.
Aquí un pequeño ejemplo de cómo trató el tema de los mártires:
“El docto Orígenes, quien por su experiencia y estudios se hallaba muy enterado de la historia de los cristianos, expresa terminantemente que era muy reducido el número de los mártires.[1602] Basta su autoridad para aniquilar aquella formidable hueste de mártires, cuyas reliquias, extraídas por lo más de las catacumbas de Roma, han surtido a tantas iglesias,[1603] y cuyos peregrinos prodigios forman el asunto de grandiosos volúmenes en las novelas sagradas.[1604] No obstante, puede explicarse y corroborarse el general aserto de Orígenes con el testimonio especial de su amigo Dionisio, quien, en la inmensa ciudad de Alejandría y bajo la persecución violenta de Decio, sólo cuenta diez hombres y siete mujeres ejecutados por estar profesando el nombre cristiano.”
Y otra perla sobre la labor propagandística de los monjes:
“Pero el origen oscuro y equívoco de las iglesias occidentales de Europa ha sido anotado con tanta negligencia que, si quisiéramos relatar las fechas y los pormenores de su fundación, deberíamos suplir el silencio de la antigüedad con las leyendas que la codicia y la superstición fueron dictando a los monjes en el ocio tenebroso de sus conventos.[1505] De tantas novelas sagradas, tan sólo la del apóstol Santiago, por su singular extravagancia, merece mencionarse. De ser un pacífico pescador del lago de Jenezareth, se vio trasformado en un valeroso caballero que capitaneaba la caballería española en sus batallas contra los moros. Los historiadores más circunspectos celebraron sus hazañas; el sagrario milagroso de Compostela ostentó su poderío y la espada de una orden militar; junto a los terrores de la Inquisición, fue suficiente para eliminar cualquier objeción de crítica profana.”


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